sábado, 27 de noviembre de 2010

EL PAPA Y LOS PRSERVATIVOS

EL PAPA, EL PRESERVATIVO Y LOS IMBÉCILES [1]

Del libro-entrevista del Papa “ Luz del mundo” se deberá hablar en su momento de forma ponderada y como se merece. Hoy simplemente vamos a hablar de los “imbéciles”.
Desde las asociaciones gay hasta cualquier grupo considerado tradicionalista, están todos diciendo por ahí que el Papa ha cambiado la doctrina tradicional de la Iglesia en materia de anticoncepción. Titulares a nueve columnas en las primeras páginas de algunos periódicos, exultación de la ONU,  comentaristas que explican que el Papa ha admitido que es mejor para las prostitutas  que se protejan de embarazos no deseados con los condones, y, por lo tanto, si se empieza con las prostitutas ¿cómo no extenderlo a todas las mujeres pobres que no pueden criar a sus hijos y poco a poco a todos?
Es una lástima, sin embargo, que, como sucede muy a menudo, los comentaristas se han dedicado a opinar sobre la base de noticias de agencia, sin leer a fondo la entrevista completa de Benedicto XVI. El Papa, respecto a la lucha contra el SIDA, dice que la “fijación  absoluta sobre el  preservativo implica una banalización de la sexualidad”, y que “la lucha contra la banalización de la sexualidad forma también parte de la lucha para garantizar que la sexualidad sea considerada como un valor positivo.” En el párrafo siguiente, traduciendo correctamente del original alemán, Benedicto XVI continua diciendo: “Puede haber una base en el caso de ciertos individuos, como cuando un prostituto usa preservativos (wen etwa ein prostituierter ein kondom verwendet), y esto puede ser un primer paso en la dirección de una moralización, una primera asunción de responsabilidad, en el camino de recuperación de la conciencia de que no todo puede ser consentido y que no  siempre se puede hacer aquello que uno quiere. Pero no es realmente la mejor manera de afrontar el mal de la infección por el VIH. Esto solo debe basarse en una humanización de la sexualidad.”
En  el volumen castellano que  acaba de purblicar la editorial Herder se  traduce correctamente “un prostituido”, como en el original alemán, no dice, como en algunas anticipaciones periodísticas italianas, y, por desgracia el mismísimo “Osservatore Romano” , “una prostituta”. Prostituto es una mala traducción al español, pero es la única traducción correcta del término alemán “ein prostituierter[2], y si la palabra se pasa al femenino , la frase entera del papa no tiene sentido. De hecho las prostitutas mujeres obviamente no usan preservativos. Como máximo lo usan sus clientes. El Papa tiene in mente precisamente la prostitución masculina, que a menudo, como muestra la literatura científica en esta materia, los clientes se quejan porque los prostitutos infectados del SIDA no usan el preservativo y, por  consiguiente los infectan a ellos también y muchos de ellos incluso llegan a morir. (El ejemplo más palmario es el de Haití, que durante mucho tiempo ha sido el refugio del turismo homosexual). Alguien podrá decir que “prostituto” se aplica también al “gigoló” heterosexual que se va con mujeres a cambio de dinero: pero el argumento es engañoso porque el SIDA es notoriamente epidémico entre los prostitutos homosexuales, prescindiendo de que  en alemán para el prostituto masculino que va con las mujeres se usa el término  italiano“gigoló”.
Por lo tanto, teniendo en cuenta que no entramos en los embarazos, porque de la prostitución homosexual es un poco difícil que nazcan niños, el Papa no dice nada revolucionario. Un “prostituto” que tiene un encuentro mercenario con un homosexual ( o cualquiera que tenga una relación sexual con una persona del mismo sexo) comete, desde el punto de vista católico, un pecado mortal. Sin embargo, si consciente de tener el SIDA infecta a su cliente, comete un pecado contra el sexto mandamiento y otro contra el quinto, porque se trata de un homicidio, al menos en tentativa. Cometer un pecado mortal no es lo mismo que cometer dos pecados mortales y, además, hay que tener en cuenta que en los pecados también existe una gradación. La inmoralidad es un pecado grave, pero la inmoralidad unida al homicidio lo es mucho peor.
Un prostituto homosexual infectado de SIDA que infecta sistemáticamente a sus clientes es un pecador inmoral y homicida al  mismo tiempo. Si por escrúpulos decide hacer aquello que le parece que puede reducir el riesgo de cometer un homicidio, no por eso se convierte en una buena persona, pero ha dado un primer paso- ciertamente insuficiente y parcialísimo-  hacia la responsabilidad.
Así pues si un prostituto asesino hasta cierto punto, decide no ser más asesino, esto puede ser un primer paso. Pero el Papa dice que “esto no es ciertamente el mejor modo de afrontar el mal de la infección de SIDA. Más bien deberían dejar de ejercer la prostitución y cesar en la búsqueda de clientes. La delicadeza del confesor para encontrar y aconsejar caminos mejores para tratar los casos prácticos más delicados de aplicación de la doctrina católica en temas de anticoncepción, evocada por el Papa en otra parte del libro-entrevista, no forma parte de lo que estamos discutiendo ahora sobre la prostitución masculina.  Lo que se ha estado discutiendo y comentando en las primeras páginas y que ha desencadenado la perversa espiral de los comentarios apresurados , son cosas que se afirman antes de saber exactamente lo que el Papa ha dicho y por eso se sacan de contexto sus afirmaciones.
El Papa, en materia de preservativos no ha dicho nada revolucionario, nada que , de una forma u otra, no se supiese. La novedad o el escándalo está precisamente en la interpretación maliciosa de los comentaristas sin escrúpulos. La palma de estos comentarios se la lleva la que ha difundido la Associated Press, en su versión en inglés, que ha aparecido en “Yahoo con este título: “El Papa ha dicho: la prostitución masculina es admisible siempre que se use el preservativo”.
Invito a todos mis lectores a que lean y analicen el libro-entrevista de Benedicto XVI para que luego puedan opinar de forma veraz e inteligente y no se dejen engatusar por las opiniones sesgadas, imprecisas, apresuradas y mendaces de los “imbéciles”.




[1] Utilizo esta palabra  en el sentido psiquiátrico del mismo: Personas con un CI inferior a 35
[2] Según Moreno, E, profesora de alemán del Colegio Pureza de María de Valencia.