DE LA “BERGOGLIADA
DIARIA” LIBRANOS, SEÑOR
Aunque en realidad no me gustaría estar escribiendo esto
porque me duele en el alma tener que poner en entredicho lo que un Papa ha
dicho y dice, no desde la “Chatedra” sino fuera de ella, me veo obligado a hacerlo
en conciencia. Me siento entristecido y anonado, es verdad ¡Cómo me gustaría
que las cosas fueran diferentes! Y todos los días imploro al Señor Jesús que
tenga a bien abreviar esta situación tan penosa, humanamente insoportable, pero
a la espera de que Él se digne intervenir, me resulta imposible guardar
silencio.
La hora es grave. La confusión reina. El mal es profundo.
Callar es volverse cómplice. Lo que está en juego es vital: se trata ni más ni
menos, de lograr conservar la Fe. Y de seguir profesándola públicamente. En el
interior de la Iglesia como fuera de ella. Ser testigos de la Verdad frente a
nuestra sociedad contemporánea, presa de error y de la mentira vueltos sistema.
San Pablo en la 2 Tim. 4,2 nos exhorta a dar testimonio a
“tiempo y a destiempo”, incluso cuando se trata de oponerse a las enseñanzas
erróneas de los mismos pastores de la Iglesia que se están dejando arrastrar
por la ideología del mundo.
Por eso, en este y en posteriores escritos analizaremos
algunas de las “perlas” con las que el papa Bergoglio nos regala día sí, día
también, intentando desmontar los errores teológicos y filosóficos implícitos
en las mismas.
1.- La cuestión del
judaísmo
La primera carta oficial de Francisco, enviada el mismo día de su
elección, fue dirigida al gran rabino de Roma. Hecho por demás sorprendente. La
primera carta de su pontificado ¡enviada a los judíos! Acaso esta decisión
habrá obedecido a un imperativo evangelizador apremiante, a saber, una
proclamación inequívoca del Evangelio, destinada a curarlos de su tremenda
ceguera espiritual, una solemne invitación a que reconozcan por fin a Jesús de
Nazareth como a su Mesías y Salvador…Pues nada de eso. Francisco evoca la « protección
del Altísimo », fórmula convencional y vacía de contenido, destinada a ocultar las divergencias teológicas
insalvables que separan a la Iglesia de la Sinagoga, para que sus relaciones
avancen
« en un espíritu de
ayuda mutua y al servicio de un mundo cada vez más en armonía con la voluntad
de su Creador. »
Hay dos preguntas que un lector prevenido no puede dejar de
formularse. La primera es la siguiente: ¿Cómo puede concebirse una « ayuda
mutua » con un enemigo que no tiene sino un objetivo en mente, a saber,
la desaparición del cristianismo, y esto desde hace casi dos mil años? ¿En
qué cabeza puede caber el absurdo según el cual los judíos desearían « ayudar
» a la Iglesia, fundada según ellos por un impostor, por un falso mesías,
el cual constituye el principal obstáculo al advenimiento del que ellos
aguardan, y a propósito del cual Nuestro Señor les advirtió : « Yo he venido
en nombre de mi Padre y vosotros no me habéis recibido ; otro vendrá en su
nombre y vosotros lo recibiréis. » (Jn. 5, 43) Terrible profecía que San
Jerónimo comenta diciendo que « los judíos, tras haber despreciado la verdad
en persona, aceptarán la mentira aceptando al Anticristo »[1]
y San Ambrosio que « eso muestra que los judíos, quienes no quisieron creer
en Jesucristo, creerán en el Anticristo. »[2]
Ahora que el obstáculo político encarnado por la Cristiandad ha
sido suprimido por la oleada revolucionaria asistimos a la supresión progresiva
del obstáculo religioso, a saber, el papado, alcanzado desde hace más de
cincuenta años por el virus de la modernidad revolucionaria. Ese obstáculo a la
manifestación del « hombre de iniquidad », ese misterioso katejon del
que habla
San Pablo (2 Tes. 2,7), que retarda su venida y que no es otro que el poder
espiritual romano, es decir, el papado, según la tradición exegética. Es tan
sólo cuando ese obstáculo haya sido removido que « se revelará el impío. »[3]
La segunda pregunta que se plantea a propósito de
la carta enviada por Francisco al gran rabino de Roma es la siguiente: ¿Cómo
puede concebirse que una religión falsa (el judaísmo talmúdico, corrupción del
judaísmo vetero-testamentario), estructurada en base al rechazo, a la condena y
al odio de Jesucristo, pueda estar « al servicio de un mundo cada día más en
armonía con la voluntad del Creador »? Tamaño absurdo exime de
comentarios…Mas se encuentra naturalmente en perfecta consonancia con la
modificación de la plegaria por los judíos del Viernes Santo, que Juan XXIII se
apresuró a efectuar en marzo de 1959, apenas cuatro meses después de su
elección, suprimiendo los términos « perfidis » y « perfidiam »
aplicados a los judíos, y que sería luego suprimida definitivamente del nuevo
misal aprobado por Pablo VI en abril de 1969 y promulgado en 1970.
He aquí la nueva plegaria que en él figura: « Oremos
por los judíos, a quienes Dios habló en primer lugar: que progresen en el amor
de su Nombre y en la fidelidad a su Alianza. » Plegaria a propósito de la
cual cabría efectuar varias observaciones:
1.
No
se menciona la necesidad de su conversión a Jesucristo.
2.
El
término “alianza” insinúa que la “antigua” aun tendría vigor.
3.
Todo
“progreso” en el amor de alguien implica un amor ya presente; ahora bien ¿cómo
podrían “progresar” en el amor al padre si niegan al Hijo?
4.
¿Y
Cómo podrían “progresar” en la “fidelidad a su alianza” si se obstinan en
rechazar a Jesucristo, sacerdote perfecto y cordero sin tacha, que ha sellado
la Nueva Alianza entre Dios y los hombres al inmolarse e en la cruz?
La conclusión cae de su peso : nos encontramos
ante una nueva teología que marca una ruptura de fondo con la que había tenido
curso en la Iglesia desde sus orígenes hasta Vaticano II y que la antigua
plegaria por la conversión de los judíos, eliminada de la liturgia latina,
expresaba de manera luminosa : « Oremos igualmente por los judíos, que no
han querido creer (perfidis judaeis), a fin de que Dios nuestro Señor quite el
velo de sus corazones y que conozcan, ellos también, a Jesucristo nuestro Señor
(…) Dios eterno y todopoderoso, que no rehúsas tampoco tu misericordia a la
infidelidad judía (judaicam perfidiam), escucha las oraciones que te dirigimos
por este pueblo enceguecido ; haz que conozcan la luz de la verdad, que es
Jesucristo, para que sean liberados de sus tinieblas. »
Desgraciadamente, el episodio de la carta enviada
por Francisco al rabino de Roma en el día de su elección no habría de quedar en
eso. En efecto, doce días más tarde Francisco reincidió enviando una segunda
carta al rabino, esta vez con motivo de la pascua judía, dirigiéndole sus « felicitaciones
más fervientes por la gran fiesta de Pesaj. » Lo que no deja de suscitar
una pregunta insoslayable : desde una perspectiva católica, ¿cuál puede ser la
naturaleza de esas « felicitaciones » con motivo de una celebración en la que
se ultraja a Jesucristo, único y verdadero Cordero Pascual inmolado en la Cruz
en redención de nuestros pecados ?
Porque tales « felicitaciones » no pueden sino
confortar a los judíos en su ceguera espiritual y por tanto mantenerlos alejados
de su Mesías y Salvador, lo cual es cuando menos paradójico viniendo de parte
de un soberano pontífice…El cual prosigue diciendo: « Que el Todopoderoso
que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto para conducirlo hacia la
tierra prometida continúe liberándolos de todo mal y acompañándolos de su
bendición. » Palabras embarazosas en grado sumo, dado que manifiestamente
Dios no los ha liberado aún de todo mal, puesto que no existe mal mayor que el
de ser considerados « enemigos del Evangelio » (Rom. 11, 28) y formar
parte de la « Sinagoga de Satán » (Ap. 3, 9) ¿Cómo concebir que Dios
pueda continuar « acompañándolos de su bendición », cuando ellos
continúan rechazando con obstinación a Aquel que Él ha enviado? Deseo precisar
aquí, para evitar cualquier tipo de malentendido, que de ningún modo ataco a
los judíos de manera personal, ya que no me caben dudas de que los hay
excelentes personas y que profesan sus creencias con toda buena fe. Al
referirme a los judíos entiendo l plano de los
principios teológicos, el único que es pertinente en esta cuestión. Y en ese
terreno se comprueba una enemistad irreductible entre la Iglesia, que busca
establecer el reino de Jesucristo en la sociedad, y el judaísmo talmúdico, el
cual, habiéndose estructurado en oposición a Jesucristo y a la Iglesia, busca
obstaculizar su misión evangelizadora, en total coherencia con su teología, que
no le permite ver en Jesús de Nazareth más que a un impostor y a un
blasfemador, a un falso mesías que impide la venida del verdadero, el que ellos
aguardan ansiosamente con vistas a restaurar el reino de Israel y a regir las
naciones desde Jerusalén convertida en la capital de su reino mesiánico
mundial.
No se trata pues en absoluto de « racismo » ni de
un pretendido « antisemitismo » conceptualmente absurdo, según la raída
cantinela que no cesan de entonar cuando alguien se atreve a abordar el tema,
al unísono y a voz en cuello, los creadores de opinión mediáticos, auténtica
policía ideológica del sistema mundialista, para desviar la atención del
verdadero problema que plantea el judaísmo talmúdico y sionista, cuya índole es
estrictamente teológica, aunque de él se sigan necesariamente consecuencias
políticas, económicas y culturales.
Hecha esta aclaración, volvamos a la carta de
Francisco, quien concluye diciendo: « Les pido que recen por mí, y les
garantizo mi oración por ustedes, con la confianza de poder profundizar los
lazos de estima y de amistad recíproca. » Nos es forzoso constatar que aquí
llegamos al colmo en el ámbito de lo absurdo. En efecto, ¿cómo es posible
imaginar que la oración de quienes están, según San Juan, bajo el imperio de
Satán, podría ser atendida por Dios? Y en buena lógica, si los judíos aceptaran
rezar por el papa, cosa inimaginable considerando que su misión se opone
diametralmente a la suya, se verían obligados a pedir su apostasía del
cristianismo y su conversión al judaísmo. Es decir que Francisco implícitamente
les estaría pidiendo nada menos que rezaran por él para que pudiera rechazar a
Cristo, ¡tal como lo hacen ellos! A decir verdad, si esta cuestión no
revistiese una gravedad inaudita, estaríamos ante un gag desopilante por sus
incongruentes y grotescas implicaciones.
Y esto sin mencionar los lazos de « amistad
recíproca » que Francisco evoca al final de su mensaje, ya que la
incoherencia de esta expresión no es menos flagrante que la de la anterior. Expliquémonos:
Un amigo es un alter ego, un otro yo, de lo que se sigue que la
verdadera amistad no es viable si los amigos no poseen una correspondencia de pensamientos,
de sentimientos y de objetivos que vuelva posible la comunión de las almas.
Ahora bien, los pensamientos y la acción de la Iglesia y de la Sinagoga son,
como ya lo hemos dicho, diametralmente opuestos, sus proyectos son
incompatibles, la oposición que existe entre ellas es radical, de suerte que,
hasta tanto los judíos no hayan aceptado a Cristo como a su Mesías y Salvador,
le enemistad entre ambas permanecerá irreductible, por razones teológicas
evidentes, del mismo modo que lo son la luz y las tinieblas, Dios y Satán,
Cristo y el Anticristo…
Con este tipo de deseos entramos de plano en el
terreno de la utopía, de la sensiblería humanista, de la negación de la
realidad y, sobretodo, en la falsificación del lenguaje y en la perversión de
los conceptos: nos encontramos de lleno en la esfera de la ilusión, de la
manipulación intelectual y de la mentira. Mentira de la cual sabemos
fehacientemente quien es el padre…
Monseñor Jorge Mario Bergoglio, cuando era
arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, tenía ya la muy
peculiar costumbre de acudir regularmente a sinagogas para participar en
encuentros ecuménicos, el último de los cuales no remonta más allá del 12 de
diciembre de 2012, apenas tres meses antes de su elección pontifical, con
motivo de la celebración de Hanukkah, la fiesta de las luces, en la cual
se enciende cada tarde una vela en un candelabro de nueve brazos durante ocho
días consecutivos, liturgia cuyo significado es, desde un punto de vista
espiritual, la expansión del culto judío. El cardenal Bergoglio participó
activamente en la ceremonia del quinto día, encendiendo la vela
correspondiente.
De más está decir que evento semejante no se
había producido jamás en la historia de la Iglesia. Y que constituye un hecho
altamente perturbador. Aunque no menos inquietante resulta ser el hecho de que
este tipo de gestos escandalosos pasen completamente desapercibidos para la
inmensa mayoría de los católicos, profundamente aletargados, imbuídos hasta la
médula del pensamiento revolucionario que socava la Fe y debilita el sensus
fidei de los creyentes, compenetrados de la ideología pluralista,
humanista, ecuménica, democrática y derecho-humanista que sus pastores les
inculcan sin cesar desde hace más de medio siglo, ideología que es totalmente
extranjera al depósito de la Revelación y que se ha vuelto el leitmotiv de
los discursos oficiales de la jerarquía eclesiástica desde Vaticano II.
Para concluir este apartado, he aquí un pequeño
extracto de lo que Francisco decía a los judíos en otra sinagoga de Buenos
Aires, Bnei Tikva Slijot, en septiembre de 2007, durante su
participación a la ceremonia de Rosh Hashanah, el año nuevo hebreo : « Hoy,
en esta sinagoga, tomamos nuevamente conciencia de ser pueblo en camino (???)
Y nos ponemos en presencia de Dios. Hacemos un alto en nuestro camino para
mirar a Dios y dejarnos contemplar por El. »
¿Qué interpretación podrá atribuirse al « nosotros
» empleado por Francisco? ¿Qué realidad querrá designar utilizando la
palabra « Dios »? En todo caso, habida cuenta del contexto, no podría
designar a Dios Padre, pues sino está claro que los judíos no rechazarían al
Hijo. En efecto, Nuestro Señor les dijo: « Si Dios fuese vuestro Padre, me
amaríais, porque es de Dios que he salido y que vengo (…) Vosotros tenéis por
padre al Demonio, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre (…) El que es
de Dios escucha las palabras de Dios. Vosotros no escucháis porque no sois de
Dios. » (Jn. 8, 42-47)
Hecho de lo más sorprendente, durante su
extenso discurso pronunciado en esa sinagoga de la capital argentina, quien
en ese entonces no era « sino » Monseñor Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de
Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, no se dignó a pronunciar ni
siquiera una vez el Santo Nombre de Jesús…
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