miércoles, 31 de agosto de 2011

Y LA PUERTA DEL SOL RESUCITÓ


Y LA PUERTA DEL SOL: ¡RESUCITÓ!

Atrás quedaron las lonas, los cartones chabolistas, la suciedad, los orines y defecaciones, las rastas sucias y malolientes, la crispación y el odio de los perroflautas del 15 M. El Kilómetro cero de la capital del Reino ha experimentado una gran transformación con la llegada de esa variopinta, colorista y alegre amalgama de jóvenes de todos los países del mundo que vienen a participar en la JMJ. Todo lo que había de negativo en esa plaza que representa el centro de esta España nuestra, ha quedado envuelto en la alegría y el “buen rollo” que transmiten esos miles de jóvenes y no tan jóvenes que han llenado Madrid estos días últimos para encontrarse con un anciano de 84 años, pero que tienen más capacidad de convocatoria que Zapatero y Obama juntos.

La ocupación ilegal de los “indignaos” del 15 M sin duda alguna han producido un descalabro económico a los comerciantes de la Puerta del Sol y sus aledaños. A nadie le apetecía ir a comprar allí estando toda esa chusma agresiva y maloliente allí acampada. No obstante, desde que empezó la JMJ una verdadera marea humana de colores y banderas de todo el mundo recorrió la plaza y las calles aledañas.

Una afluencia de gente que benefició, y mucho, a los sufridos comerciantes del Centro de Madrid que tanto han sufrido por culpa de la ilegalidad consentida del “campamento indignado”. Estos comerciantes han afirmado estar encantados con la celebración de la JMJ en Madrid. Establecimientos de comida rápida, de venta de recuerdos, etc. han estado a rebosar todos los días que han durado las JMJ. Los comerciantes, no solamente de Sol, sino de todo Madrid, han salido ganando, se cifra más o menos en 200 millones de Euros las ganancias que ha tenido. Los de Sol, sobre todo, han recuperado parte de lo que perdieron durante el ilegal asentamiento de los perroflautas. Me decía el propietario de una tienda de abanicos de esta plaza que había aumentado sus ventas y que la JMJ trae buena gente, no como la que había antes, refiriéndose a la del 14 M.

Todos han coincidido en una cosa y es en el respeto que han demostrado todos los jóvenes que han acudido a la JMJ.  Respecto a que los peregrinos han tomado la ciudad, los trabajadores de la zona aseguran que, además de beneficiarles económicamente (no hay que olvidar que ha habido muchos contratos extra durante estos días, y eso siempre vienen bien en este desastre económico que tenemos en España) “no molestan y su alegría se contagia”.

Un pacifismo que ha corroborado la policía, ya que a pesar de los miles de personas llegadas a Madrid no se ha producido ningún altercado: “sólo cantan y rezan”, decía un agente. O sea, todo lo contrario de unos cientos (no se si llegaban) que ni cantan ni rezan, sino que agreden, gritan, insultan y odian.

¿ QUIÉN MATÓ A JESÚS?


¿QUIÉN MATO A JESÚS?
(La inutilidad de una controversia secular)

Parece que, al menos desde ciertos sectores de nuestra sociedad, y a raíz de lo escrito por Benedicto XVI en el segundo tomo de su magnífica obra “Jesús de Nazareth”, se está volviendo a plantear la antigua y manida cuestión del deicidio perpetrado por el pueblo judío en la persona de Jesús, el Cristo.
Si que es cierto que existen opiniones en un sentido o en otro, antes del Concilio Vaticano II y , por consiguiente antes de la publicación de la Constitución “Nostra Aetate”, y después del mismo. Valgan dos ejemplos, entre muchos, que, a mi parecer son dos de los más representativos, por la contundencia de los argumentos que uno y otro utilizan para defender su tesis: el libro del padre Rafael López Jordán S.J.[i] y el del padre David Núñez[ii]. Ambos, con profusión de citas y de documentación varia, intentan demostrar que no hubo deicidio por parte de los judíos y que si que lo hubo. (por cierto, los dos libros tienen el Nihil Obstat de su obispo, casualmente de la misma diócesis de Buenos Aires)
Mi intención en este escrito no es entrar en esta inútil polémica ya que, honradamente, creo que en las dos posiciones existen argumentaciones validas y otras no tan válidas. No obstante, si tuviera que decantarme respecto al llamado “deicidio”, diría que en realidad fue la obra de las dos partes actuantes en aquel drama: por una parte la casta sacerdotal judía, que veía amenazada su autoridad por la fama y el liderazgo de Jesús y que azuzó a un pequeño sector de la población de Jerusalén para que pidiera la muerte del justo (“Caiga su sangre sobre nuestras cabezas y la cabeza de nuestros hijos”[iii]) y, por otra parte, el poder político y militar de Roma que era el que tenía la autoridad para ejecutar a las personas en aquel Israel ocupado y conquistado, en este caso a Jesús.
No quiero exculpar a ninguna de las dos instancias ya que considero que las dos son culpables, aunque esa culpabilidad es relativa si pensamos que fueron meros instrumentos para que se llevara a cabo la plenitud de la historia de la salvación. Por lo tanto, en el supuesto de que tuviéramos que hablar de deicidio, tendríamos que decir en justicia que hubo un “coedeicidio” entre “judíos” y “romanos”, unos por intención y los otros por omisión y acción. Ciertos líderes judíos establecieron un juicio amañado y demandaron a Pilatos que ejecutara a Jesús y éste, aun a pesar de que sabía de su inocencia, lo condenó a muerte.
Hay que aclarar, sin embargo, utilizando las aseveraciones del Santo Padre Benedicto XVI en el libro citado[iv] que, cuando en el evangelio se habla de “judíos” no se está refiriendo a la totalidad del pueblo judío, sino a la casta sacerdotal del templo y a la “chusma” que estaba en el pretorio gritando. Y parafraseando al propio Papa, esto se podría aplicar también a los “romanos”. Conclusión: hablar de pueblo deicida, ya sea aplicado al pueblo de Israel, ya sea al Imperio romano, me parece una barbaridad y una falacia. Ya Aristóteles nos enseñaba que de un particular nunca se puede predicar un universal.
Juan sabía que los principales apoyos de Jesús tal como Nicodemo y José de Arimatea eran judíos, que los discípulos eran judíos y que muchos judíos veían favorablemente a Jesús aunque no estaban totalmente comprometidos con él. Juan declara con claridad que “la salvación viene de los judíos”[v]. Los Evangelios son claros en que los líderes romanos, particularmente Pilatos, autorizaron y ejecutaron la crucifixión. Ellos tenían la responsabilidad de evitar que gente inocente fuera dañada, y con conocimiento de causa hicieron que un hombre inocente fuera torturado y matado. Ellos deben compartir la culpa. Estuvieron involucrados la religión y el estado.
Dejando esto aclarado me gustaría ahora hablar de si puede existir deicidio o no, ¿se puede matar a Dios?
David Núñez, en su obra citada, intenta demostrar que si que hubo deicidio por parte del pueblo judío y para ello recurre a la definición dogmática de las dos naturalezas de Cristo unidas hipostáticamente en una sola persona. Es cierto que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, pero también es cierto que es hombre sin dejar de ser Dios, y a Dios nadie lo puede matar. A modo de ejemplo y salvando las lógicas diferencias y distancias tanto teológicas como filosóficas, es como si dejaremos que al matar a un hombre (materia) se mata también al alma (espiritual y eterna). Entrar en estos temas es siempre peligroso desde el punto de vista de la ortodoxia teológica católica, por lo que dejaremos su discusión a los doctores de la Iglesia.
Otra cosas bien distinta es hablar de la culpabilidad o no de judíos y romanos en la muerte de Jesús.
El cardenal Kasper [vi] dice: “Si la cruz es voluntad de Dios, entonces no es accidente o casualidad alguna de la historia, sino una necesidad querida por Dios. Por eso hablan los textos neotestamentarios de un “tiene que” (dei) conforme al cual acontece todo (cf. Mc. 8,31). Por supuesto que no se trata de una necesidad histórica ni natural, sino que es impuesta por Dios y no se puede calcular racionalmente. El mismo Apocalipsis de Juan habla del cordero degollado desde el comienzo del mundo (Ap. 13,8; 1 Ped. 1,20)” Y yo añadiría que el mismo fin persigue  otra tradición neotestamentaria con ayuda de las llamadas fórmulas de entrega. Su gran antigüedad se ve en que se encuentra ya en la tradición sobre la última cena: “Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros” (1 Cor. 11,23; Lc. 22,19). Y Kasper nos dice a este respecto: “En la primitiva tradición del Nuevo Testamento el sujeto de esta entrega es Dios mismo. El es quien entrega al Hijo del hombre en manos de los hombres.”[vii]
Jesús fue enviado al mundo para morir y Él muy pronto aceptó su misión plenamente convencido de que debía entregar su vida para salvar al género humano. En el arresto, juicio inicuo, pasión y muerte de Jesús, se cumple la voluntad del Padre. El mismo Jesús, cuando Pedro saca la espada para defenderle de las turbas en su prendimiento en el huerto de los olivos, le dice: “Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?”[viii]  Pablo mira todo el camino de Jesús desde el motivo de la obediencia a la voluntad del Padre: “Se rebajó y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”[ix] Y la muerte de Jesús no se debe solamente a violencia externa, sino que acontece en libertad plena. “Nadie me quita la vida, sino que doy yo mismo. Puedo darla y puedo volverla a tomar.”[x]
En Cristo se cumple lo que ya Isaías  había predicho del  Siervo sufriente de Yahveh en el impresionante  y conmovedor 4º Canto del Siervo: “Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados…”[xi]
La muerte de Cristo era imprescindible para la expiación del pecado original, por eso dice San Pablo: “A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.”[xii] Es decir, como aclara la nota de la Biblia de Jerusalén: “Dios hizo a Cristo solidario de la humanidad pecadora para hacer hombres solidarios de su obediencia y de su justicia.”[xiii]
En el Pregón Pascual cantamos todos los años: “Por redimir al esclavo has sacrificado al Hijo”; pero, en el mismo Pregón también cantamos: “¡Oh feliz culpa que mereció tan grande Redentor”!
En definitiva, judíos y gentiles somos igualmente culpables porque Jesús vino con el propósito de morir por su pueblo. De otra manera ninguno de nosotros tendría un Salvador. Lo que sucedió fue planeado por Dios, de acuerdo a su propósito, para la salvación de los judíos y de los no judíos. ¿Qué sentido tiene culpar u odiar a alguien por hacer lo que Dios había previsto y planeado para poder demostrar de una vez por todo  su inmenso amor por la humanidad descarriada?
En cierta ocasión oí a una persona mayor decir: “Si yo hubiera estado allí no hubiera dejado que le mataran”. Le respondí entonces y respondo ahora: Si nosotros hubiéramos estado allí, si hubiéramos sido el sumo sacerdote o sus ayudantes o la chusma congregada en el patio del pretorio, hubiéramos hecho lo mismo que ellos. Los judíos y los líderes romanos estaban actuando no sólo como representantes de dos grupos étnicos, sino como representantes de toda la humanidad. Todos  nosotros necesitábamos la muerte y resurrección de Jesús, y todo grupo étnico ha estado involucrado en muertes injustas y asesinato de gente inocente. Dios no odia a los judíos ni a los romanos, él los ama, así como ama a toda la humanidad, por eso vino a nosotros los humanos como nuestro Cordero expiatorio.
Para terminar me gustaría recordar lo que el apóstol de los gentiles dice de sus antiguos correligionarios: “En cuanto al Evangelio, (los judíos) son enemigos para vuestro bien; pero en cuanto a la elección amados en atención a sus padres. Que los dones y la vocación de Dios son irrevocables. En efecto, así como vosotros (los romanos) fuisteis en otro tiempo rebeldes contra Dios, mas al presente habéis conseguido misericordia a causa de su rebeldía, así también ellos al presente se han rebelado con ocasión de la misericordia otorgada a vosotros, a fin de que también ellos consigan ahora misericordia. Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia.”[xiv]
Naturalmente, ahora están religiosamente fuera del camino, pero Dios los ama de todos modos y en su infinito amor los traerá de nuevo a sí mismo. Nosotros, como cristianos tenemos la obligación de rezar por su conversión, aunque a ellos les pese, y para ello sirve la oración del viernes santo, la del Misal de Benedicto XVI: “Oremus pro Iudaeis. Ut Deus et Dominus noster illuminet corda eorum, ut agnoscant Iesum Christum salvatorem ómnium hominum.” “Omnipotens sempiterne Deus, quyi vis ut omnes homines salvi fiuant et ad agnitionem veritatis veniant, concede propitius, ut plenitudine gentium in Eccesiam Tuam intrante omnis Isarel salvus fiat. Per Christum Dominun nostrum. Amen.”
(Oremos también por los judíos. Para que nuestro Dios y Señor ilumine sus corazones, para que reconozcan a Jesucristo salvador de todos los hombres. Dios omnipotente y eterno, que quieres que todos los hombres se salven y alcancen el conocimiento de la verdad que procede de Ti, concede por tu bondad que la plenitud de los pueblos entre en tu Iglesia y todo Israel sea salvado. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen).
Rafael Bellver Galbis





[i] López Jordán, R. “No son deicidas”.- Ed. Losada, Buenos Aires, 1967
[ii] Núñez, D. “En qué quedamos, son o no son deicidas los judíos?. Ed. Presencia en el mundo. Buenos Aires, 1967
[iii] Mt. 27,25
[iv] Benedicto XVI “Jesús de Nazareth” Ed. San Pablo, 2011
[v] Jn. 4,22
[vi] Kasper W. “Jesús el Cristo”.- Ed. Sígueme. Salamanca, 1974. Pag. 205
[vii] Kasper, W. Op. Cit.
[viii] Jn. 18,11)
[ix] Rm. 5,19
[x] Jn. 10,18
[xi] Is. 53, 3-5
[xii] 2ª Cor. 5,21
[xiii] Biblia de Jerusalén, Nota a 2ª Cor 5,21
[xiv] Rm. 11,28-32











































BIBLIOGRAFIA

Núñez, D. “¿En qué quedamos, son o no son deicidas los judíos?”Ed. Presencia en el Mundo. Buenos Aires, 1967
López Jordán, R. “No son deicidas”.- Ed. Losada, Buenos Aires, 1967
Kasper, W. “Jesús, el Cristo”.- Ed. Sígueme, Salamanca, 1974
Benedicto XVI.- “Jesús de Nazareth”.- Ed. San Pablo, Madrid, 2011
Biblia de Jerusalén.- Desclee de Brouwer, Bilbao, 1975






LOS JUDIOS NO SON DEICIDAS


LOS JUDIOS NO SON PÉRFIDOS, PERO DEBEN CONVERTIRSE SI QUIEREN ALCANZAR LA VIDA ETERNA
Rafael Bellver Galbis
Una de las noticias más importantes de la Iglesia Católica de los últimos años es la aprobación del que podemos llamar Misal de Benedicto XVI, para aquellos que quieran celebrar la Eucaristía según el rito latino del Misal de San Pio V, del año 1570, en uso hasta el Vaticano II (en el que aprobó el llamado Misal de Pablo VI, 1969). Este nuevo misal incluye una fórmula de Oración por los judíos (propia del Viernes Santo) donde no se llama pérfidos, como antes, pero se pide por su “conversión” y su entrada en la Iglesia, en contra de lo que hacía el Misal del Vaticano II. Esta noticia ha molestado a muchos judíos y ha inquietado a muchos católicos, que piensan que estamos ante una seria involución teológica y pastoral.
Me gustaría aquí hacer un pequeño recorrido a través del tiempo para analizar bien la famosa oración que tantos quebraderos de cabeza y, quizá, tantos sufrimientos inútiles, ha traído tanto a judíos como a católicos.
1.- Antes del Misal de Pio V
Las primeras noticias que tenemos de la introducción de la oración “pro Iudaeis” es de los siglos VII y VIII, Sacramentario Gelasiano. Pero allí la palabra “pérfidos” no tenía el significado que poco a poco se le fue dando. “Pérfido” viene de los vocablos latinos”per” y “fide”. Por eso, en principio, esa palabra tiene solo una connotación religiosa. Pérfido es sólo aquel que se desvía de la fe verdadera porque se afirma en su fe (per fide). Lo que ocurre es que muy pronto pasó a significar “el que tiene mala fe”, para acabar significando simplemente “malo, perverso”. Esta palabra “justificó” indirectamente muchas persecuciones contra los judíos.
2.- Misal de Trento: San Pio V (1570)
Este misal latino ha estado en vigor hasta el pontificado de Juan XXIII (que introdujo algunas reformas) y el Concilio Vaticani II, por cuyo mandato se publicó el nuevo Misal de Pablo VI (1969). Entre sus oración es principales estaba una de tipo inquietante, llamada “pro iudaeis”, a favor de los judíos, que decía así, según el texto latino y su traducción castellana (no oficial):
“Oremos pro perfidis Iudaeis: ut Deus et Dominum noster auferat velamen de cordibus eorum; ut et ipsi agnoscant Iesum Christum Dominum nostrum.
Oremus: Flectamus genua. Levate
Omnipotens sempiternae Deus, qui etiam iudaicam perfidiam a tua misericordia non repellis: exaudi preces nostras, quas pro illius populi obcaecatione deferimus; ut agnita veritatis tuae Iuce, quae Christus est, a suios tenebris eruantur. Per eundem Dominum Nostrum Ieus Christo. Amen.
(Oremos también por los pérfidos judíos para que Dios quite el velo de sus corazones, a fin de que reconozcan con nosotros a Jesucristo Nuestro Señor.
Oremos. Pongámonos  de rodillas. De pie.
Omnipotente y sempiterno Dios, que no excluyes de tu Misericordia ni aun a los pérfidos judíos: oye los ruegos que te dirigimos por la ceguera de aquel pueblo, para que reconociendo la luz de Tu verdad, que es Jesucristo, salgan de sus tinieblas. Por el mismo Dios y Señor Nuestro. Amén. )

No voy a entrar ahora en la crítica de esta oración a la que, con toda seguridad, a lo largo de mi vida me habré unido en la oración universal del viernes santo antes de la reforma de Pablo VI. Solamente diré que ahora, al releerla, me parece una oración francamente inquietante y que muchos han visto como “poco conforme al evangelio”, como ya indicó Juan XXIII, que en 1959 mandó quitar sus palabras más hirientes: pérfidos y perfidia, por lo menos en el sentido que se le ha acabado dando a tales palabras.
La parte que dice “Para que Dios quite el velo de sus corazones” está tomada de la controversia de Pablo con un tipo de judíos de su tiempo (2Cor. 3-4). Pero no podemos olvidar que Pablo mismo era judío y que estaba empeñado en una polémica interna entre varios grupos de judíos (entre ellos el suyo, el mesiánico) Pero al universalizar esta imagen del “velo”, los cristianos  que hemos rezado esta oración hemos acusado al judaísmo en su conjunto de “ceguera” voluntaria o impuesta por Dios (que les habría puesto el velo)
Sigue la oración diciendo: “para que reconozcan con nosotros a Jesucristo”: no se pide por los judíos como tales, para que hagan su camino, para que Dios les bendiga, sino para que se hagan “de los nuestros”. Ciertamente, eso se pide ante un Cristo crucificado, que es perdón universal (estamos en Viernes Santo, ante la gran Cruz pascual). De ahí a decir que los judíos han matado a Jesús, sólo hay un paso, y eso es lo que se ha hecho durante tantos siglos, de un modo históricamente injusto, teológicamente equivocado y socialmente peligroso. No hace falta recordar la historia, baste decir que, desde esta oración del Viernes Santo (¡que debía ser día de reconciliación universal y de acogida para todos!) muchos cristianos han expulsado a los judíos o les han “obligado” a convertirse. De esa expulsión y conversión forzosa de los judíos vive todavía cierta historia de España, que no por ser cierta deja de ser reprobable.

3.- Misal del Vaticano II o de  Pablo VI (Desde 1969)
Es el único Misal que se ha considerado “modelo” de la Iglesia católica. Aquí en la oración del Viernes Santo que nos ocupa, decía:
Oremus et pro Iudaeis, ut ad quos prius locutus est Dominus Deus noster, eis tribuat in sui nominis amore et in sui foederis fidelitate proficere.
Oremus: Flectamus genua. Levate.
Omnipotens sempiterne Deus, qui promissiones tuas Abrahae eiusque semini contulisti, Ecclesiae tuae preces clementer exaudi, ut populous acquisitionis prioris ad redemptionis mereatur plenitudinem pervenire. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
(Oremos por el pueblo judío, el primero a quien Dios nuestro Señor habló, para que acreciente en ellos el amor a su nombre y la fidelidad a la alianza. Pongámonos de rodillas. En pie. Dios todopoderoso y eterno que confiaste tus promesas a Abraham y su descendencia, escucha con clemencia las suplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera adquisición merezca llegar a la plenitud de la redención. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.)
Pasaremos a comentar ahora las novedades de esta nueva versión de la oración del Viernes Santo cuya traducción al castellano ha sido en muchas ocasiones adaptada por algunas conferencias episcopales, aunque su sentido es claro en todas ellas.
En primer lugar los judíos no son pérfidos, no han perdido la fe, ni la han pervertido, sino que son el pueblo al que primero habló Dios por los profetas. La alianza de Dios con los judíos se mantiene. Más aun , no se llama alianza antigua o vieja, sino primera, para así distinguirla, pero no separarla, de la segunda (la de Cristo).
En segundo lugar no se pide que los judíos de conviertan al cristianismo, ni entren en la Iglesia, sino que sean buenos judíos, que vivan en plenitud su alianza…La tarea de la Iglesia no es, según eso, convertir a los judíos al cristianismo, ni introducirlos en la Iglesia, sino rogar a Dios para que sean buenos judíos y vivan en plenitud su alianza.
Es evidente que al fondo de esta plegaria hay una esperanza de reconciliación de todos los hombres, más acorde con el espíritu cristiano. Los cristianos estamos convencidos de que esta reconciliación y plenitud del judaísmo está vinculada a Cristo.

4.- Misal de Benedicto XVI: Misal Neo-tridentino (2008)
Benedicto XVI no ha escrito un Misal nuevo, sino que ha tomado el antiguo (el de Trento) y lo ha fijado” en una nueva edición, en Latín (para aquellos que quieran la misa latina y tridentina), introduciendo en la Iglesia Latina (católica) una división oficial de misales que no había existido desde Trento. Pues bien,  en este Misal, que puede utilizarse junto al del Vaticano II, se ha cambiado así la oaración por los judíos:
Oremus et pro Iudaeis. Ut Deus et Dominus noster illuminet corda eorum, ut agnoscant Iesum Christum salvatorem ómnium hominum.
Omnipotens sempiterne Deus, qui vis ut omnes homines salvi fiant et ad agnitionem veritatis veniant, concede propitious, ut plenitudine gentium in Ecclesiam Tuam intranet omnis Isarel salvus fiat. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
(Oremos también por los judíos. Para que nuestro Dios y Señor ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo salvador de todos los hombres.
Dios omnipotente y eterno, que quieres que todos los hombres se salven y alcancen el conocimiento de la verdad que procede de Ti, concede por tu bondad que la plenitud de los pueblos entre en tu Iglesia y todo Israel sea salvado. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.)
Las novedades fundamentales de esta fórmula son:
Los judíos no son pérfidos, ni tienen un velo ante los ojos. El nuevo texto ha quitado esa palabra del original latino de Trento, aceptando así la reforma de Juan XXIII. Ha suprimido también la imagen de velo que tapa sus ojos, pero en el fondo la mantiene, porque pide por su conversión. El texto no incluye la ceguera” delos judíos, pero en el fondo la supone, pues dice que Jesús les tiene que iluminar.
Es una oración más confesional que la del Vaticano II. Dios quiere que todos los hombres se salven (cosa que también quieren los judíos), pero hay algo especial: esta oración quiere que la salvación se realice por la entrada de todos los pueblos en la Iglesia; en ese contexto (conforme a un motivo de Pablo en Rm.11,26) se pide que también los judíos entren en la Iglesia.
En este sentido, esta oración refleja la visión teológica de la Dominus Iesus (2000), buscando un diálogo religioso abierto a todos, para que todos entren en la Iglesia (en esta Iglesia). El motivo en sí es bueno, la finalidad laudable, aunque hay corrientes que piensan que  implica un retroceso respecto al texto y teología del Misal del Vaticano II.
El Vaticano II pedía en el fondo un dialogo en libertad y concordia, para que todas las religiones (y en especial el judaísmo) hicieran un camino de bien, que podía llegar a la unión final. Los judíos tenían que convertirse, para hacerse mejores judíos, en la línea del mensaje más hondo de Jesús (Sermón de la Montaña)
Benedicto XVI quiere que los judíos se conviertan, pero no para que sean mejores judíos, sino para que se hagan cristianos. Desde mi punto de vista esta visión es buena, aunque reconozco que es problemática y veo lógico que muchos judíos hayan protestado. Por ejemplo, la declaración de los rabinos firmada por el presidente Giuseppe Laras sostiene que “con esta plegaria se legitima también la praxis litúrgica de una idea de diálogo que apunta, en realidad, a la conversión de los hebreos al catolicismo, cosa que obviamente es para nosotros inaceptable.”
Sin embargo el cardenal Kasper habló en una entrevista con un medio italiano, un día después de que los líderes mundiales del judaísmo revelaran que la nueva oración podría implicar un retroceso tras décadas de diálogo interreligioso. “Debo decir que no puede entender por qué los judíos no pueden aceptar que podemos hacer uso de nuestra libertad de formular nuestras oraciones”, dijo el alemán Kasper, al Corrriere de la Sera. “Pensamos que racionalmente, esta oración no puede ser un obstáculo al diálogo porque refleja la fe de la Iglesia y, lo que es  más, los judíos tienen oraciones en sus textos litúrgicos que a nosotros, los católicos, no nos gustan. Uno debe aceptar y respetar las diferencias”, agregó el Cardenal.
Todos, judíos, islámicos y cristianos ganaríamos mucho en humanidad, espiritualidad, fe y amor, si fuéramos un poco más respetuosos con los otros y supiésemos profundizar más en lo que nos une que en lo que nos separa.