domingo, 24 de diciembre de 2017

Carta abierta a sor Lucia Caram



CARTA ABIERTA A SOR LUCIA CARAM
Gonzalo Duñaturria (OK DIARIO 23-12-17)

Señora Caram:
Como bien debería saber, con independencia del credo religioso, a la mayoría de la gente le enternece la figura de una monja. Representa a ese grupo de mujeres increíblemente respetables y admiradas. Provocan esa sonrisa de afecto, de agradecimiento, incluso de ternura. Es la sonrisa que de manera natural y espontánea provoca un niño, un paisaje, el mar. Pero con usted, disculpe por ello, el efecto es justo el contrario. En su aireado afán por dar la nota, ha conseguido provocar un incontrolable sentimiento de rechazo e incluso de repudio. Sólo hay que echar una mirada a las redes sociales para darse cuenta de ello. Es curioso. En todo este “circo” que supone el llamado “prucés” aparecen un sinfín de individuos y comediantes, trileros y mentirosos, que por un incierto y desconocido motivo han destrozado una sociedad entera. Y usted figura en primera línea, entre ellos, emergiendo con luz propia, vomitando lo contrario de lo que representa.
Hágame caso, quítese el hábito. No lo manche ni emponzoñe más. No deje tan mal a Santo Domingo de Guzmán o a Santa Catalina de Siena. Se supone que ha sido consagrada en una orden religiosa que sigue habitualmente una vida monástica y que se acoge a una serie de reglas, sobre todo de carácter moral. Mientras desde sus funciones pastorales y religiosas, de forma altruista y sin que su mano derecha sepa lo que hace la izquierda, como dice el mismo Señor en el Evangelio, debería ocuparse de los pobres, ayudar en los comedores sociales, colaborar en las escuelas, ayudar en la catequesis o en la parroquia, acoger ancianos y desvalidos, etc., desde su púlpito emponzoñado, con ira, inocula el odio, lo menos piadoso que pudiera existir. Su “mensaje” desprende odio y su “rosario” diario consiste en ofender, menospreciar y humillar con su venenosa lengua a cuantos no comulgan con usted o con los del “prucés”, defendiendo una ideología xenófoba, excluyente, totalitaria y anti solidaria, que quebranta nuestra convivencia, siembra el rencor, impone la mentira y fomenta el engaño.
Dice ser monja contemplativa. Pues contemple su aportación a la Cataluña de hoy teñida de ruina moral y de familias descompuestas, fruto de sus “epístolas” repletas de hiel. No hable de “Cataluña como pueblo”. Hable de una sociedad dividida y fragmentada por ese proceso tiránico, que es al tiempo un negocio del que usted parece vivir. Tiene la misma responsabilidad que aquellos que hoy se encuentran encausados. Pero quizá la suya sea mucho más execrable, pues para los mismos fines y con las mismas ideas sabe que se encuentra amparada bajo su enfangado hábito. Si tuviera un ápice de honorabilidad y se esforzara en analizar su incoherencia corregiría su rumbo y pediría perdón. Ha traicionado y apostatado de toda norma moral que, como monja, le es es exigible. Se ha parapetado en el púlpito de los amancebados con el negocio del separatismo para no dar un palo al agua. Ofrece constantes muestras de su bajeza intelectual cada vez que emite cualquier tipo de opinión política y sus “mensajes” son el mejor ejemplo de tósigo e incoherencia. Sí, la mayoría de los españoles votamos afirmativamente la Constitución de 1978, pero no se votó a la “nación española” porque, señora, la nación española es preexistente y no se vota pues es una condición previa de legitimidad. La nación, su historia, los lutos y los fracasos de ésta desde hace más de 500 años no se van a romper son su cansino ·derecho a la autodeterminación”, norma de Derecho Internacional que sólo se puso en práctica durante la descolonización, teñida no pocas veces de sangre y genocidios.
Conocidos sus “antecedentes” por la jerarquía eclesiástica, no me explico cómo no ha sido ya apartada de sus funciones y de su orden, sobre todo porque usted ha renegado de ella. Lucía Caram, deje de “meter lio”, por mucho que lo haya dicho su “jefe”, de hacer tanto ruido inútil, chirriante, hiriente y molesto. Como dijo San Vicente de Paul, “El ruido no hace bien; el bien no hace ruido.”