lunes, 7 de diciembre de 2020

ANALISIS DE “FRATELLI TUTTI”

En realidad este documento (no me atrevo a llamarlo Encíclica por respeto a las verdaderas Encíclicas) está escrita por varias personas (muchos estilos diferentes) del nivel más bajo, en torno a Santa Marta, pero con una arrogancia nunca antes vista, incluso escandalosa para inteligencia de los demás católicos.

Quizá la mejor muestra de la insuficiencia radical del enfoque utilizado por los autores sean los tres personajes no católicos que le han inspirado para escribir este engendro, como Bergoglio explica al final del documento. De los tres uno ha sido un pedófilo racista, otro fue un adúltero orgiástico que toleraba la violación de mujeres y el tercero es un laico que pretende ser sucesor de los Apóstoles mientras rechaza las partes de la Biblia que no le gustan y considera que el Dios que adora la Iglesia Católica es “homófobo” y no se puede adorar. Eso si, los tres defendían algunas ideas que están de moda ahora mismo, lo que parece compensar todo lo demás. Esto nos dará una idea de los escasos y enfermos frutos que puede dar una fraternidad universal humana construida sobre arena y no sobre la gracia de Dios y la fe.

Se inspira primero en el Imán Ahmad Al Tayeb en Abu Dhabi. No tenía nada mejor para inspirarse para escribir una encíclica católica. Nada menos que un Imán musulmán que sistemáticamente se opone incluso con violencia a la religión católica. Luego en Ghandi, Desmond Tutu y Martin Luther King.

No obstante, para quedar bien, dice también inspirarse en  en San Francisco de Asís con su famosa llamada Fratelli Tutti (Todos los hermanos), pero lo hace de una manera que es claramente diferente a la de San Francisco. Para San Francisco, “Todos los hermanos son aquellos que siguen e imitan a Cristo, es decir, todos los cristianos, y ciertamente no simplemente todos los hombres y menos aún los seguidores de las religiones no cristianas. En realidad la frase de San Francisco iba dirigida a sus hermanos de comunidad, los frailes unidos como hijos del Dios revelado en Jesucristo por medio del bautismo y en el sufrimiento de Cristo, y no a unos supuestos hermanos de todas las religiones o sin religión  alguna unidos en una fraternidad puramente humana.”

En el nº 3 parece querer decir que San Francisco visitó al sultan Malik-el-Kamil en Egipto para estrechar lazos de amistad “ecuménica”. Pero la realidad es bien distinta. San Francisco cuando se entrevistó con el sultán, sin ningún miedo y sin ningún respeto humano, empezó diciendo: “Somos embajadores de nuestro Señor Jesucristo y tenemos un mensaje de su parte para ti y para tu pueblo: que creáis en el Evangelio”.

Y además le dijo: “Cuando invades las tierras que has usurpado, los cristianos actúan con justicia atacándote porque blasfemas del nombre de Cristo y te esfuerzas por alejar de la VERDADERA RELIGION a tantas personas como puedes. Si, por el contrario, quisieras conocer, confesar y adorar al Creador y Redentor del mundo, los cristianos te amarían como a ellos mismos.” (Todo ello lo podemos leer y ampliar en Legenda Maior de San Buenaventura 12,8)

O sea que él tenía muy claro que el verdadero amor fraterno sólo podía encontrarse en Cristo y en la conversión a Él. Nada de cambalaches de la religión universal y el Dios igual para todos.

En el nº 4 insiste Bergoglio en hacernos creer en una especie de empatía de San Francisco con los musulmanes, pero otra vez, nada más contrario a la realidad: Él si que quería imponer la doctrina cristiana ya que pensaba y decía que sólo en Cristo está la verdad. Y sus hermanos franciscanos fueron a tierra de sarracenos no a abrazar y hacer reunioncitas ecuménicas con los moros sino que fueron a hacer lo que su superior les había mandado, a saber: “Jesucristo me ha ordenado que os envie al país de los sarracenos como ovejas entre lobos, para predicar y confesar su fe y combatir la ley de Mahoma.

¡Toma ya, ecumenismo! San Francisco tenía muy claro que iban a Egipto a hacer proselitismo del cristianismo y a denunciar que la religión de Mahoma era una falsa religión que no salvaba de nada. Que Ala no es el mismo Dios de los cristianos ni por asomo.

GANDHI

Dice que también se inspira en el santón hindú Mahatma Gandhi. Y veamos quien era en realidad Gandhi: Era sobre todo u racista y nacionalista hindú que odiaba a los negros y a las castas inferiores. Era un defensor a ultranza de las castas y la raza india y por lo tanto un racista de tomo y lomo que fue denunciado en numerosas ocasiones por los antirracistas. Él en realidad creía en la hermandad aria que incluía a blancos y a los hindúes de las castas más altas, diciendo que los africanos eran de clase inferior y que por lo tanto se les podía esclavizar.

Por eso, nombrar a Gandhi como inspirador de una encíclica católica sobre la “fraternidad” – cuando tan claramente contradice la esencia misma de la hermandad por su creencia en las castas, las razas y el nacionalismo estrecho, desacredita la Fratelli Tutti.

DESMOND TUTU

Este obispo anglicano apoyo fuertemente la “boda” lésbica de su hija. Adoptó un estilo de vida homosexual como una virtud cristiana y vinculó la lucha contra el apartheid con los derechos de los gays como una “túnica sin costuras”. ¿Átame esa mosca por el rabo!

También está muy a favor de la eutanasia y el aborto. En una ocasión dijo: “los moribundos tienen derecho de elegir cómo y cuándo dejar la Madre Tierra (Es decir la Pachamama que tanto le gusta a Bergoglio).

Veamos ahora algunos de los números de este documento:

Nª 8 Las religiones al servicio de la fraternidad en nuestro mundo

El título en sí mismo ya revela un cierto tipo de relativismo religioso. Las religiones son vistas aquí como un medio de fraternidad natural. Por lo tanto, uno es llevado a entender la religión como un medio para promover el naturalismo. Esto es contrario a la esencia del cristianismo, que es la única u verdadera religión sobrenatural. La Fe Cristiana no puede ser puesta indiscriminadamente al mismo nivel que las otras religiones; eso sería una traición al Evangelio. Y esto porque también hay religiones en las que se adora a los espíritu malignos. No se puede poner el concepto de Dios en la religión cristiana al mismo nivel que una religión que practica la idolatría. La Sagrada Escritura dice: “Todos los dioses de las naciones son demonios” (Sal.96,5)  y San Pablo enseña que “los sacrificios de los paganos se ofrecen a los demonios, no a Dios.” (1 Cor. 10,20).

Por lo tanto, los adherentes de las religiones no cristianas no tienen el don de la virtud sobrenatural de la fe y por lo tanto no pueden ser llamados “creyentes” en el sentido de esta palabra. Los no creyentes no aceptan la revelación divina dada a través de Jesucristo. Él mismo nos dijo aquello de que “los que no están conmigo están contra mí.”

Por eso los cristianos no somos simplemente “compañeros de viaje” como dice el nº 274 de la FT, junto con los adeptos de falsas religiones como el Islam, el Budismo, en Sintoísmo, la Pachamama, etc.- religiones que Dios prohíbe. A este respecto, es memorable la siguiente afirmación teológicamente precisa de San Pablo VI: “Nuestra religión cristiana establece efectivamente con Dios una relación auténtica y viva que las demás religiones no logran establecer, aunque tengan, por así decirlo, los brazos extendidos hacia el cielo.” (Exhortación apostólica Evangelli nuntiandi, n. 53)

Varias expresiones de FT transmiten sustancialmente el mismo relativismo religioso expuesto en el documento de Abu Dhabi, que afirma que “el pluralismo y la diversidad de las religiones, el color, el sexo, la raza y el idioma son queridos por Dios en su sabiduría.” Pero la verdad que nuestro Señor reveló, y que la Iglesia ha proclamado constante e inmutablemente, sigue siendo válida para siempre: “El principal deber de todos los hombres es aferrarse a la religión, tanto en su alcance como en su práctica, no a la religión que puedan preferir, sino a la religión que Dios ordena, y que ciertas y más claras marcas muestran que es la única religión verdadera.”. (León XIII, Inmortale Dei, 4)

El Concilio Vaticano I llega incluso más lejos al declarar lo siguientes: No hay paridad entre la condición de los que se han adherido a la verdad católica por el don celestial de la fe, y la condición de los que, guiados por las opiniones humanas, siguen una religión falsa”. Si alguien dice que la condición de los fieles y de los que no han alcanzado todavía la única fe verdadera está a la par, que sea anatema. (Can. 3 y 6)

A partir del número 6 empieza a hablar sobre la fraternidad, pero sin distinguir muy bien lo que es la verdadera. Él habla de “un sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en palabras”, es decir de algo puramente humano y social que no trasciende a lo sobrenatural propio de la fraternidad cristiana.

Lo cierto es que la verdadera fraternidad, como le gusta a Dios, es la fraternidad en y a través de Cristo, el Hijo de Dios encarnado. El Papa Benedicto XVI delimitó correctamente el concepto cristiano de fraternidad cuando dijo: “Uno es vuestro maestro, pero todos vosotros sois hermanos (Mt.23, 8). Con esta palabra del Señor la relación entre los cristianos se determina como una relación de hermanos y hermanas como una nueva hermandad del espíritu, opuesta a la hermandad natural, que surge de la relación de sangre.” (Die Christliche Brüderlichneit, Munchen 1960, 13)

Desde el principio los cristianos conocieron la diferencia esencial entre la mera hermandad natural y la hermandad a través del bautismo. San Agustín escribió: “Entonces dejarán de ser nuestros hermanos, cuando dejen de decir, Padre nuestro. A los paganos no los llamaremos hermanos según la Escritura y el modo de hablar eclesiástico.” (En el Salmo 32, 2,29)

Si los líderes de la Iglesia en nuestros días se contentan con la hermandad de carne y sangre, con los “fratelli tutti” en carne y sangre, están descuidando el mandamiento de Dios en el Evangelio, es decir, el mandamiento de hacer a los miembros de todas las naciones y religiones discípulos de Cristo, hijos en el Hijo Unigénito de Dios, hermanos en Cristo, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a observar todas las cosas que Cr4isto ha mandado (Nat, 25, 19-20). Pero, claro, ahora esto es “hacer proselitismo” y eso no se debe hacer, según el papa Bergoglio.

La fraternidad que nos predica la FT es una fraternidad en la carne y la sangre, es decir, una fraternidad limitada al aquí a ahora, que es perecedera, una fraternidad limitada a la coexistencia pacífica en la bondad que implica una extraordinaria pobreza espiritual, una vida deficiente, una felicidad incompleta, ya que en tal perspectiva falta lo más importante en el mundo entero y en toda la historia humana, a saber, Cristo, el Dios encarnado, el Hijo unigénito y eterno de Dios, el hermano, amigo y esposo del alma de todos los que renacen en Dios.

Qué urgente es que el Vicario de Cristo en nuestros días vuelva a proclamar al mundo entero las palabras de su predecesor, Juan Pablo II:”Todos vosotros que todavía buscáis a Dios, todos vosotros que ya tenéis la inestimable fortuna de creer, y también vosotros que estáis atormentados por la duda: os ruego que escuchéis una vez más, las palabras pronunciadas por Simón Pedro. En estas palabras está la fe de la Iglesia. En estas mismas palabras está la nueva verdad, es más, la verdad última y definitiva sobre el hombre: el hijo del Dios vivo: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. (Homilía para la inauguración de su pontificado, 22 octubre de 1978). ¡Qué valiente, qué apostólico, que magnífico sería, si estas palabras hubieran resonado también en Fratelli Tutti!

Decía el arzobispo Schneider hace poco que a menudo la Iglesia de hoy carece de una perspectiva sobrenatural, y es verdad.

La encíclica Fratelli Tutti, lamentablemente, agrava la crisis de décadas de debilitamiento de la perspectiva sobrenatural en la vida de la Iglesia, con el consiguiente abrazo excesivo de las realidades temporales y mundanas y la aún peor tendencia a interpretar incluso las realidades espirituales y teológicas de manera naturalista y racionalista. Esto implica diluir el Evangelio, es decir, las verdades reveladas, en un humanismo naturalista.

En cuanto a su contenido y horizonte intelectual, la FT puede resumirse en estas palabras: “nuestra ciudadanía está en la tierra”. La nueva encíclica agrava el naturalismo que reina hoy en la Iglesia, que puede describirse como una falta de amor a la Cruz de Cristo, a la oración, una falta de conciencia de la gravedad del pecado y la necesidad de reparación. Hasta cierto punto la FT está en desacuerdo con lo que San Pablo escribió al principio de la Iglesia: “Nuestra ciudadanía está en el cielo, y de él esperamos un Salvador, el Señor Jesucristo” (Fil 3,20). Y también son memorables las palabras de la primera encíclica social del Magisterio, Rerum Novarum, en la que el Papa León XIII enseña que la Iglesia debe mirar siempre las realidades temporales con una perspectiva sobrenatural.

Libertad, Fraternidad, Igualdad

Estos tres temas recorren FT y, en realidad son tres conceptos que tienen un significado cristiano aunque fueron mal utilizados por la Revolución Francesa masónica.

La verdadera libertad, según la Sagrada Escritura es la libertad de la máxima esclavitud, es decir, la esclavitud al diablo y al pecado, y la ignorancia de las verdades divinas. La verdadera libertad sólo nos la puede dar Jesucristo como un regalo de su obra redentora. “La misma creación será liberada de su esclavitud a la corrupción y obtendrá la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom.8, 21).

La verdadera fraternidad no es la hermandad de los nacidos de la sangre, la carne y la voluntad del viejo Adán, sino más bien la fraternidad de los nacidos de Dios (véase Jn. 1,13) que son hermanos en Cristo, el nuevo Adán (cfr. Rom 5,14)

El concepto de la verdadera igualdad significa que todos los pecadores están igualmente necesitados de salvación en Cristo. “No hay distinción: por cuanto todos pecaron y todos estás destituidos de la gloria de Dios.” (Ro, 3,22-23)

La conclusión inevitable, sugerida numerosas veces a lo largo de la FT, es que la libertad, fraternidad e igualdad universales no se instaurarán mediante la fe en Cristo y la Redención, sino cuando la educación, la buena voluntad, la apertura al diferente, los “deseos de hermandad” y el diálogo venzan a los opresores y todos seamos felices y comamos perdices. “Así podemos soñar como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos”. (FT, n 8)

Es lamentable que Bergoglio haya utilizado este tema ideológico central de la masonería incluso como subtítulo de un capítulo entero de la FT (Véanse los n 103-105), sin presentar la aclaración y distinción necesarias para evitar cualquier malentendido e instrumentalización.

No es extraño que algunas logias masónicas hayan felicitado al Papa por la encíclica, señalando, con razón, que la masonería fue condenada por la Iglesia varias veces en el pasado por este mismo intento de promover una fraternidad universal por encima de todas las religiones. Es in negable que los Papas anteriores condenaron en numerosas ocasiones los intentos de sus épocas respectivas de establecer ese tipo de fraternidad humana universal al margen de la fe y más allá de ella. Y ahora ven que el papa actual no solamente no condena a la masonería sino que sus ideas son iguales a las de ella.

Un ejemplo lo tenemos en la Gran Logia de España que en una declaración a los medios de comunicación expreso su satisfacción por la última encíclica de Francisco, Fratelli Tutti, declarando que el papa ha adoptado el concepto masónico de fraternidad y ha alejado a la Iglesia Católica de sus anteriores posiciones. Literalmente, entre otras cosas, estas declaraciones dicen: “La última encíclica de Francisco demuestra lo lejos que está la actual Iglesia Católica de sus antiguas posiciones. En FT, el papa abraza la fraternidad universal, el gran principio de la masonería moderna.”

Las similitudes y la superposición de la idea masónica de fraternidad y la propuesta en FT son sorprendentes. Sustancialmente, el papa Bergoglio presenta una fraternidad meramente terrenal y temporal de carne y hueso en el nivel natural. Es en última instancia una fraternidad basada y nacida del primer Adán y no de Cristo, el nuevo Adán.

Esto lo podemos ver en las siguientes afirmaciones:

“Es mi deseo contribuir al nacimiento de una aspiración universal a la fraternidad” (n 8)

“El número cada vez mayor de interconexiones y comunicaciones en el mundo actual nos hace poderosamente conscientes de la unidad y el destino común de las naciones. En las dinámicas de la historia y en la diversidad de las etnias, sociedades y culturas, vemos los gérmenes de una vocación a formar una comunidad compuesta por hermanos y hermanas que se aceptan y cuidad unos a otros”. (n 96)

Es decir, las mismas ideas masónicas de los teóricos del Nuevo Orden Mundial y del Globalismo. Una fraternidad universal y meramente naturalista basada en los lazos de sangre y naturaleza es el núcleo de la teoría y la praxis de la masonería internacional. El famoso masón francés, el Marqués de La Tierce, escribió en su introducción a la traducción de las Primeras Constituciones de los Francmasones de Andersen, que la fraternidad universal significa “una religión universal, en la que todos los hombres estén de acuerdo. Consiste en ser bueno, sincero, modesto y gente de honor, por cualquier denominación o creencia particular que se pueda distinguir.” (Revu f’Histoire Moderne et Contemporaine 1997. 44,2, 197)

El Papa León XIII señaló precisamente el naturalismo como la característica central de la masonería, ya que ésta persigue como objetivo la sustitución de un nuevo estado de las cosas según sus ideas, cuyos fundamentos y leyes se extraerán del mero naturalismo. (Humanum Genus, 10) Este es el principal dogma de la masonería: “sólo hay una religión, una sola verdadera, una sola natural, la religión de la humanidad.” ( Henri Delassus: La Conjuration Antichretienne, Lille 1910, tomo 3, p. 816)

Se puede afirmar que desde el punto de vista religioso y espiritual católico, el naturalismo es una de las mayores tentaciones y engaños con las que Satanás aleja a los hombres del Reino de Cristo, el reino de la gracia y la vida sobrenatural.

Sin proclamar los derechos de Dios, los derechos de Cristo sobre todos los hombres y naciones, los derechos de los hombres, el bienestar social, la justicia y la paz carecerán de una garantía sólida. Así nos los resumía sabiamente el Papa León XIII:

“El mundo ya ha escuchado suficientemente de los llamados ‘derechos de los hombres’. Dejemos que escuche algo de los derechos de Dios. Qué Dios mire con misericordia a este mundo, que ha pecado mucho, pero que también ha sufrido mucho en la expiación! Y, abrazando en su bondad amorosa a todas las razas y clases de la humanidad, que recuerde sus propias palabras: ‘Yo, si soy levantado de la tierra, atraeré todas las cosas hacia mí.” (Jn. 12,32) (Enciclica Tametsi Futura Prospicientibus, 13)

Es muy preocupante que uno de los capítulos de FT (el 8) se titule “Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo”. Uno saca la impresión de que se considera aque lo importante es la fraternidad universal, mientras que las religiones, incluida la católica, están al servicio de esa idea transreligiosa, que es lo que verdaderamente nos une. A esto se suma que, durante todo el texto, el cristianismo se coloca como una más de las múltiples religiones del mundo y, sin ningún rubor ni pudor, se sustituye la fe sobrenatural por la simple creencia natural en Dios como criterio de actuación, de una forma asombrosamente ingenua. Sólo en un pequeño apartado titulado “la identidad cristiana” se reconoce que los cristianos nos basamos en el Evangelio, mientras que los demás, por su parte, “beben en otras fuentes (FT 277-278) ¡cuatro números de casi trescientos!

La ecología

Además de la cacareada “Fraternidad universal masónica”, el documento recoge multitud de otros temas con el mismo enfoque de construir en la tierra una especie de Reino de Dios en el que el propio Dios es opcional. Uno de estos temas es evidentemente la ecología, que mereció su propia “encíclica”, Laudato si. Es evidente que no hay nada de malo en ser limpios, no ensuciar innecesariamente, cuidar el entorno, etc., como por otra parte hace cualquier persona medianamente sensata y decente, pero, desde el punto de vista cristiano, son obligaciones de cuarta categoría. Sin duda puede encontrarse una relación entre estos temas y preceptos cristianos, pero no tiene sentido convertirlos en una preocupación fundamental del cristiano, especialmente cuando son preocupaciones ausentes en dos mil años de cristianismo y, en especial, en la Sagrada Escritura, la Tradición y la predicación del propio Cristo. Los intentos de retorcer las poesías de San Francisco para encontrar algo parecido muestran por contraste, esa ausencia clamorosa de raíces en la Tradición. Así se llega, como en la FT a asegurar que el coronavirus no es un castigo devino, pero si obra de la naturaleza que “gime y se rebela y termina cobrándose nuestros atropellos.” (FT 34). Se ha pasado de una comprensión teológica del mal como justo castigo divino del pecado a una comprensión naturalista y supersticiosa, que personifica a la naturaleza como un ser a la vez ciego y vengador (La Pachamama)

Los muros

Otro recurrente de Bergoglio son los muros que, como era de esperar, vuelve a aparecer en FT. De forma temerariamente drástica, se nos asegura que los muros provienen de la inseguridad, el temor y el narcisismo, y que “cualquiera que levante un muro, quien construya un muro, terminará siendo un esclavo dentro de los muros que ha construido, sin horizontes” (FT 27).

Este tipo de afirmaciones, hay que reconocerlo, resultan algo patéticas en boca del Jefe de Estado del único pañis del mundo rodeado literalmente por un muro y más añú teniendo en cuenta que la Sagrada Escritura elogia constantemente las murallas del pueblo de Dios, sobre las cuales el papa, los obispos y los sacerdotes han sido colocados como centinelas (cf. Is. 62,6)

La auto referencialidad

Sin querer entrar en muchos detalles ni extenderme en este aspecto, solo diré que, siguiendo su monomanía, critica a los que se auto referencian, pero él en la FT se cita a si mismo unas 180 veces. ¡Toma ya auto referencialidad!

En resumen y para finalizar podemos decir que Fratelli Tutti es una “encíclica” lastrada por su silenciamiento de lo esencial que es la fe católica. No es que se niegue, simplemente pasa a un segundo o tercer plano, desplazada por otros temas que parecen interesar más al autor o autores.

Este documento representa una solución de emergencia meramente humana, y limita a la humanidad al horizonte de una aspiración universal a una fraternidad naturalista[1]. Tal solución no tendrá efectos curativos verdaderos, ya que no se construye sobre la proclamación explícita de Jesucristo como Dios encarnado y único camino de salvación. La Iglesia, incluso en su enseñanza social, tiene que construir la Casa de Dios, que es el Reino de Jesucristo en el misterio de su iglesia y su realeza social. No es misión de laq Iglesia construir una “nueva humanidad” en el plano naturalista (cf. FT 127), ni “trabajar por la promoción de la humanidad y de la fraternidad universal” (FT 276), ni construir “un mundo nuevo” para la justicia y la paz temporal (FT 278).

Hasta cierto punto, se puede aplicar a FT estas palabras de la Sagrada Escritura: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los constructores. Si el Señor no vigila la ciudad, en vano se despierta el centinela” (Sal. 126,1). Llenas de verdadero poder profético y de relevancia para la situación actual de la Iglesia y del mundo son las siguientes palabras del siervo de Dios, el sacerdote italiano don Dolindo Ruotolo, en siu carta a Pio XI:

“Los males más graves  amenazan a la Iglesia y al mundo. Estos males no se evitan con soluciones de emergencia humanas, sino únicamente con la vida divina de Jesús en nosotros. Una gran batalla comienza entre el bien y el mal, entre el orden y el desorden, entre la verdad y el error, entre la Iglesia y la apostasía. Los sacerdotes gimen bajo la desolación de una vida inercial, los religiosos se han vuelto pobres en la vida santa. Los pastores, los obispos, están adormecidos. Se arrastran y no tienen fuerzas para animar a su rebaño, que está disperso.” (Carta del 23 de diciembre de 1924).

Hoy la Iglesia de Roma se encuentra en una situación similar de colapso espiritual, debido al torpor espiritual de la mayoría de los Pastores de la Iglesia, a la excesiva absorción del propio papa en los asuntos temporales y a sus esfuerzos por hacer renacer una aspiración universal a una fraternidad mundana y naturalista.

¡Qué gran oportunidad perdida de proclamar ante el mundo que la única hermandad que merece la pena es la de los hijos de Dios redimidos por Cristo! “En la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer […] para que recibiéramos el ser hijos de adopción […] de modo que ya no somos esclavos sino hijos.”

Sólo somos hermanos porque somos hijos de Dios y somos hijos de Dios porque Cristo ha muerto y resucitado por nosotros. La Iglesia es la congregación de los hombres en Cristo por la fe en el bautismo y constituye la semilla sobrenatural de la fraternidad universal del género humano, que, cuando vuelva Cristo, se realizará en plenitud. Como bien dice el Vaticano II, “el pueblo mesiánico, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, en germen segurísimo de unidad, esperanza y de salvación” (LG, 9) No hay ni puede haber ninguna otra fraternidad mundial verdadera entre los hombres.

En cambio Fratelli Tutti, quizá con buena intención pero con poco discernimiento, se dedica a proclamar solemnemente a los paganos que lo importante no es creer o no creer en Cristo, sino “soñar juntos y permanecer esclavos cada uno en su propia religión, aunque sea falsa, porque esa falsedad, de alguna forma, es una “riqueza” ¿Para qué entonces se encarnó nuestro Señor? Qué sentido tuvo la Cruz en la que el Padre, para rescatar al esclavo, sacrifico a su Hijo? ¿De verdad creemos que los etéreos sentimientos de fraternidad universal tienen el más mínimo valor en comparación con ser realmente hijos de Dios en Cristo y, por lo tanto, verdaderos hermanos? El que no recoge conmigo, desparrama.

Dios nos conceda dedicarnos de nuevo a lo que de verdad importa y nos puede salvar: la fe católica en el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación. Sólo en Él podemos llegar a ser Hijos de Dios y, por lo tanto, verdaderos hermanos.

 

 

 

 

 

 

 



[1] El Naturalismo es una corriente filosófica que considera solamente la materia y niego la parte espiritual del individuo. En este sentido el espíritu sería una consecuencia de la materia.


jueves, 28 de noviembre de 2019

El Sínodo de la Amazonia y los escándalos del Vaticano bergogliano


 El Sínodo del Amazonas y los escándalos del Vaticano bergogliano


Cada vez es más evidente que estos sínodos celebrados en Roma no son realmente sínodos, no en el sentido auténtico de lo que se supone que es un sínodo. En el mundo real de los sínodos, un gran número de obispos presenta algún problema apremiante que necesita deliberación, reflexión, discusión y oración, y, después de un tiempo, proporcionan al Santo Padre alguna consulta sobre cómo abordar cualquiera que sea el problema dado. 

Este sínodo actual, junto con los pasados propiciados por Bergoglio, solo tiene la apariencia de ello, cuando, de hecho, la mayor parte de lo que se determinará ya ha sido predeterminado.

Por ejemplo, el último que se ha desarrollado en Roma que, según los promotores era para tratar sobre la escasez de sacerdotes en la Amazonía. ¿Sí? Este tema ha ocupado un mes, un mes entero, mientras que el tema que sacude a la Iglesia desde su núcleo, el abuso sexual, en su mayoría homosexual, duró tres días en febrero pasado. Y ni siquiera fue un sínodo. 

Y aquí tenemos el caso de algo que encaja muy bien en la agenda de la izquierda, vestido con un vocabulario que suena espiritual.

Pero sucedió algo extraño en el camino al Forum: ocurrieron una serie de desastres de relaciones públicas para los organizadores del sínodo, entre los cuales el lanzamiento de Pachamama por parte de los Comandos Católicos, causó una respuesta hipócrita del Vaticano considerándolo un "robo", justo en medio de un robo de millones de dólares por cardenales corruptos, todos ellos afines al señor que ocupa ahora la cátedra petrina.

Meses atrás, el documento de trabajo, llamado Instrumentum Laboris una pauta para la reunión, fue publicado, e inmediatamente cuestionado y demonizado por cardenales y obispos como herejía y apostasía. Eso causó tanto retroceso que en la primera reunión de prensa del sínodo, nada menos que el carenal Lorenzo Baldiserri tuvo que minimizar el documento ante los reporteros reunidos.

Luego, incluso antes de que comenzara el sínodo real, se llevó a cabo el espectáculo de la ceremonia de plantación de árboles, una adoración a la Madre Tierra en los jardines del Vaticano, con una estatua de una diosa embarazada desnuda, o una mujer, o lo que sea; nadie, desde el Vaticano, parece estar dispuesto a decir qué o quién es, aunque de todos es sabido que se trata del ídolo dedicado a la Madre Tierra.

Luego, dentro de los muros del Vaticano, las oficinas del Secretario de Estado fueron allanadas en secreto, es decir, hasta que alguien filtró la información a los medios italianos y el jefe de seguridad del Vaticano terminó cayendo por todo el asunto. ¿La razón de la redada, al menos en parte? Un robo de 500 millones de dólares del Óbolo de san Pedro por prelados de alto rango que están cerca del que dice ser ahora Pedro (Bergoglio), que utilizaron el dinero, en parte, para comprar propiedades enormemente caras en Londres, aparentemente por fines de inversión.

Luego, resulta que Bergoglio, cuando se le preguntó, le dijo a los íntimos que quería toda esta confusión porque se ajusta a un modelo de realineamiento, dando lugar a una nueva comprensión de la Iglesia (¿???)

También los fieles reporteros católicos en la sala de prensa presentan grandes desafíos sobre anomalías temporales y espirituales, prelados que fueron perseguidos en la calle, por periodistas católicos, pero se negaron a responder a las preguntas más básicas. Nada de eso se ve bien.

Luego, la noticia bomba publicada por un editor ateo, amigo de Beroglio, de que éste realmente no cree que Jesús era divino mientras vivió en la tierra, afirmación que el Vaticano no negó claramente.

Entonces surgió un problema que los organizadores del sínodo no habían planeado, el infanticidio, y se quedaron en la sala de prensa, negándolo todo, cuando la conferencia episcopal brasileña sabía que existía dicha práctica entre los indios y publicó enlaces al respecto en su sitio web, solo para tratar de ocultar la información al día siguiente, eliminando todos los enlaces, después de que un intrépido periodista italiano escribió sobre ello, y obtuvo titulares internacionales.

Luego, unos días después, descubrimos que uno de los principales grupos organizadores del sínodo ha estado recibiendo millones en fondos de la Fundación Ford, con sede en los Estados Unidos, uno de los mayores patrocinadores internacionales del aborto y la agenda homosexual.

Después nos enteramos de que políticos comunistas fueron invitados bajo el paraguas del  teólogo de la liberación desde hace mucho tiempo, el cardenal Cláudio Hummes, quien luego niega haber tenido algo que ver con eso, incluso después de que los comunistas le agradecieron públicamente ser invitados.

Y, casi como guarnición, la idea de que se considerara una lista de los llamados "pecados ecológicos" atrajo el ridículo casi inmediato de todo el mundo.

Luego, se presentaron cargos poco velados de imperialismo o colonialismo contra los fieles católicos que desean intensificar el esfuerzo de evangelizar, siguiendo el mandato imperativo del Señor Jesucristo: “Id y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28,19) y no solo inculturizar como pretenden éstos del sínodo amazónico.

En lo que respecta a los eventos de relaciones públicas, este ha sido un desastre absoluto para el Vaticano.

De hecho, la avalancha de cobertura veraz, pero negativa para el Sínodo, ha molestado y enfurecido tanto a los marxistas dentro del Vaticano, que nada menos que el pitbull papal especial Antonio Spadaro sintió que era necesario arremeter contra los fieles católicos que informaban sobre todo esto. 

Tuiteó que todo esto tiene alguna motivación política: "de la fe a la política, todo está conectado". Aparentemente, Spadaro no se ha detenido a considerar que esa puerta se abre en ambos sentidos, lo que es más que evidente en este sínodo. Sí, se trata de política.

Solo miremos la lista: adoración a las diosa Pachamama, robo de cientos de millones del Óbolo de san Pedro, infanticidio, financiación de gigantes del aborto, preguntas sobre la falta de fe del Papa en la divinidad de Nuestro Señor, participación activa de los comunistas, una lista de pecados inventados: estos no son los ingredientes de un exitoso sínodo del Vaticano.

Agreguemos a esto la especulación desenfrenada de que, al igual que los sínodos anteriores, el resultado ya está predeterminado porque se han elegido en gran medida solo participantes liberales o radicales, y tenemos lo que se llama un espectáculo de perros y ponis.

No pocas personas piensan que el documento final estaba escrito antes incluso de empezar el sínodo, y tal vez solo se necesiten algunos ajustes menores. Entonces, el sínodo en sí, todas las discusiones, las conferencias de prensa diarias, incluso la votación final no es más que un gran trabajo artificial. El documento final, incluso antes de que se escribiera, ya estaba guardado en silencio en el cajón de un cardenal, listo para sacarlo en el momento justo.

Roma se ve cada vez más como una colección de mentirosos, homosexuales, ladrones, artistas del engaño, herejes y marxistas. 

Entonces, si esa es la imagen que este sínodo pone de relieve, si eso es lo que ha revelado la luz del sol, entonces tal vez no fue una pérdida total de tiempo después de todo. La claridad siempre es buena. Comprender exactamente lo que está sucediendo nunca es algo malo. Ayudar a las personas a ver y comprender fácilmente el desorden, siempre es útil.

Cualquiera que sea el disenso radical teológico que surja de esto, una vez que todo el polvo se haya asentado, el Sínodo del Amazonas bien puede ser recordado no por crear un espacio para el clero casado o por soñar con una "teología ecológica integral", sea lo que sea, sino por ser el Sínodo del Sol, donde toda la corrupción finalmente salió a la luz del día para que todos la vieran.

La Pachamama no puede estar satisfecha con ese resultado.



sábado, 20 de abril de 2019


BERGOGLIO Y LA CACAREADA TOLERANCIA CERO CONTRA LOS ABUSOS SEXUALES DEL CLERO

Bergoglio desde que sus amiguitos le hicieron papa de Roma no ha parado de cacarear que él tendría tolerancia cero con los abusadores sexuales que existen a miles dentro del clero de todo el mundo. La última alharaca ha sido esa “Gran reunión” vaticana con los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo y con sus amiguitos de la curia para tratar el tema y aportar soluciones del pasado mes de febrero.
Pero visto lo visto, todo se ha quedado, como todo lo que dice este buen hombre, en “parole, parole, parole”.
Hasta el otoño pasado, la fórmula “tolerancia cero” era una de las más recurrentes en las palabras y los escritos de Bergoglio, para explicar cómo enfrentarse a los abusos sexuales cometidos por el clero contra las víctimas menores de edad. (Que en un 90 % son pre púberes o púberes masculinos, aunque él y sus ad lateres se empeñan en afirmar que homosexualidad y pedofilia no tiene nada que ver).
Pero desde entonces ha desaparecido. Ha desaparecido del documento final del sínodo sobre los jóvenes; ha desaparecido de la posterior exhortación apostólico “Christus vivit”; ha desaparecido de los discursos y documentos de la cumbre sobre los abusos sexuales citada. Es más: al inicio de esa cumbre Bergoglio distribuyó a los participantes los 21 “puntos de reflexión” escritos de su puño y letra, que desde luego no iban para nada de acuerdo con la “tolerancia cero”.
Por ejemplo, el punto 14 decía: “Es necesario salvaguardar el principio de derecho natural y canónico de la presunción de inocencia hasta que se pruebe la culpabilidad del acusado”. Y el punto 15: “Respetar el principio tradicional de proporcionalidad de la pena respecto al delito cometido.
Las medidas adoptadas en estos últimos meses, casi las únicas de su “pontificado” contra cinco cardenales y arzobispos que han acabado siendo procesados por abusos cometidos o “encubiertos” confirman plenamente este cambio de línea.
No hay una medida que sea igual a otra. Y sólo en un caso dicha medida ha consistido en reducir al estado laical al condenado, cuando en cambio, en virtud de la  grandilocuente “tolerancia cero”, esta debería ser la sanción que habría que imponer a todos, también a quien ha cometido un único abuso contra una única víctima, hace muchos años. (Hay que recordar que el “tradicionalista y anticuado” Papa Benedicto XVI, durante los 8 años de su pontificado, redujo al estado laical a más de 800 curas y obispos por este motivo)
Se sabe que quien ha sido reducido al estado laical es el ex cardenal Theodore McCarriik. Y lo ha reducido no sin antes haberle recibido y abrazado numerosas veces y darle carguitos de responsabilidad y haberlo defendido a ultranza aun sabiendo como sabía que este sinvergüenza era un depredador sexual, incluso a sus 80 años, que igual abusaba de monaguillos que de seminaristas que de curitas jóvenes. Pero las pruebas fueron tan abrumadoras que no tuvo otro remedio. En cambio, no lo ha sido ninguno de los otros cuatro sancionados antes y después de él.
El cardenal australiano George Pell (recordemos que era su mano derecha en los asuntos económicos de la Banca Vaticana, sabiendo como sabía de sus devaneos) y el cardenal francés Philippe Barbarin, ambos condenados por tribunales seculares de sus respectivos países, en espera de la apelación, han tenido en el foro eclesiástico un trato muy distinto, más duro con Pell y más garantista con Barbarin.
Aún más indulgente ha dado la impresión de ser Bergoglio con el cardenal Ricardo Ezzati Andrello, limitándose a aceptar el 23 de marzo su dimisión como arzobispo de Santiago de Chile, el día después de ser acusado de encubrimiento de abusos. (Recuerde que en Chile, más del 70 % de los obispos son sospechosos de abusos o de encubrimientos y que le presentaron la dimisión en grupo, aunque él no la aceptó).
Y aún más distinto ha sido el trato otorgado al ex arzobispo de Agaña en la isla de Guam, Anthony Sablan Apuron, condenado de manera definitiva el pasado 7 de febrero con la privación del cargo, prohibición absoluta de vivir, aunque sea de manera temporal, en la archidiócesis de Agaña y prohibición absoluta de utilizar los signos propios de su condición de obispo.
A pesar de todo esto, Apuron no ha sido reducido al estado laical, incluso después de haber sido reconocido culpable de “delitos contra el sexto mandamiento con menores”. Puede celebrar la Eucaristía, aunque lejos de Guam, y llevar los signos episcopales de su condición de obispo.
Y esto sólo si tenemos en cuenta los casos más flagrantes y más significativos por el cargo que ocupaban. Nada o casi nada se ha hecho con los cientos de sacerdotes que continúan siéndolo después de haber sido acusados y haberse probado en muchos casos que son homosexuales pedófilos.
Y esta “política bergogliana”, diseñada, apoyada y conducida por sus amigos los cardenales Kasper, Marx y otros como ellos, choca con la “tolerancia cero” que es la directriz de la Iglesia Católica de Estados Unidos a partir de la “Carta de Dallas” de 2002, cuando era presidente de la Conferencia Episcopal precisamente ese Wilton Gregory que “Decimejorge” ha promovido como arzobispo de Washington el mismo día de la publicación de las blanda condena de Apuron.
También ha estado años disculpando y ascendiendo a Juan Barros, (lo nombró obispo de Osorno sabiendo como sabía de su implicación en el affaire Karadima) que encubrió durante muchísimo tiempo a Karadima.  En su visita a Chile tuvo que oír cómo la Asociación de víctimas de abusos del clero acusaba a su amigo el obispo Barros de romper todas las denuncias que se interponían contra el cura Karadima, un depredador homosexual pedófilo culpable de cientos de abusos contra niños y adolescentes. Pero Bergoglio se enrocó en su negativa de cesar al obispo diciendo que todo eran calumnias, llegando a decir  “tontos” a los que se creían las acusaciones contra Barros y Karadima, dejando en evidencia a los cientos de  víctimas de esa desalmado depredador sexual. (La misericordia sólo para los acusados…a las víctimas, palos)
Finalmente, ante el aluvión de pruebas presentadas por el abogado mendocino Carlos Lombardi, representante legal de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico, muy a su pesar, no tuvo más remedio que reconocer los hechos consumados y aceptó la renuncia del obispo, aunque en ningún caso redujo a Barros al estado laical.
El mismo Bergoglio ha sido instando por la Organización ECA[1] a que entregue todos los documentos alusivos a su gestión como arzobispo de Buenos Aires (1998-2013) y a que coopere con las autoridades civiles de su Argentina natal para que se determine si él encubrió al sacerdote Julio César Grassi, creador de la Fundación Felices Niños y convicto de abusar sexualmente de ellos, al sacerdote Nicola Corradi, acusado de violar a niños sordos del Instituto Próvolo de Mendoza y al obispo Gustavo Zanchetta, quien fue nombrado por él asesor de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, aun a sabiendas que estaba implicado en numerosos abusos pedófilos cuando era titular de la diócesis de Orán.
Y así podríamos estar citando cientos de casos más, pero creemos que con la muestra nos basta.
Deciduamente la “tolerancia cero contra los abusos sexuales del clero” no funciona con Bergoglio o por lo menos funciona igual de mal que con sus predecesores. Nihil novis sub sole.
Pero lo que las actuales máximas jerarquías de la Iglesia no han sido capaces de decir –antes, durante y después de la cumbre de febrero llevada a cabo en el Vaticano sobre los abusos sexuales perpetrados por ministros consagrados, lo ha dicho y escrito el papa emérito Benedicto XVI en los apuntes que ha hecho públicos el 11 de abril, luego de haber informado al secretario de Estado Pietro Parolin y al mismo Bergoglio.
Ratzinger fue a la raíz del escándalo: a la revolución sexual del 68, al colapso de la doctrina y de la moral católicas entre los años 60 y 80, a la caída de la distinción entre el bien y el mal y entre la verdad y la mentira, a la proliferación de “clubes homosexuales” en los seminarios, a la imposición de un “llamado” garantismo que hizo intocables a los que justificaban esas novedades, incluida la misma pedofilia, y en último análisis al alejamiento de ese Dios que es la razón de vida de la Iglesia y el sentido de orientación de cada hombre.
De eso surge el juicio de Ratzinger, que la tarea de la Iglesia de hoy es reencontrar la valentía de “hablar de Dios” y de “anteponer” a Dios en todo; de volver a creer que Él está realmente presente en la Eucaristía, en vez de “rebajarla a gesto ceremonial”; de mirar a la Iglesia como llena de cizaña pero también del grano bueno, de santos y de mártires, para defenderla del descrédito del Maligno, sin engañarnos pretendiendo hacer nosotros mismos una tarea mejor, totalmente política, que “no puede representar ninguna esperanza”.
Este análisis del Papa emérito ciertamente provocará discusiones, visto cuán distante está de lo que se dice y se hace hoy en las altas jerarquías de la Iglesia respecto al escándalo de los abusos sexuales, en una perspectiva que es sustancialmente jurídica y que oscila entre los dos polos de la “tolerancia cero” y del garantismo. Un garantismo totalmente diferente de aquel otro, “llamado” de ese modo, reclamado por Ratzinger, porque remite más bien a los derechos de la defensa de los imputados, a la presunción de inocencia hasta la sentencia definitiva y la proporcionalidad de la pena, y que es útil medir cómo se emplea respecto a los cardenales y arzobispos implicados en abusos sexuales, tal y como hemos analizado más arriba.




[1] “Poniendo Fin a los Abusos del Clero

lunes, 28 de mayo de 2018


¿Quién soy yo para juzgarlos? Continuación…

Hace ya algún tiempo que Bergoglio, volviendo de Rio de Janeiro, en la rueda de prensa improvisada en el avión, tan del gusto del personaje, y haciendo gala de su siempre incontinencia verbal, dijo aquello de ¿Quién soy para juzgarlos? Refiriéndose a los gay. De todos es sabido lo bien que cayó esta pregunta entre los del grupo LGTB y ad lateres.

Ahora el inquilino de la casa Santa Marta se despacha otra vez con algo parecido, aunque más grave si cabe. Nos lo contaba “El País” del pasado 19 de mayo en una entrevista que le hizo a Juan Carlos Cruz, una de las víctimas del abuso sexual perpetrado por el padre Fernando Karadima, encubierto por el otrora amigo y protegido de Bergoglio en Chile, el obispo Juan Barros.
Según cuenta Cruz, después de pedirle perdón, Francisco le dijo: “Juan Carlos, sos gay, no importa. Dios le hizo así y le ama así y no me importa.”
Naturalmente Bergoglio confunde una vez más el culo con las témporas haciendo esta afirmación gratuita, imprudente y populista que va, no solamente contra la Sagrada Escritura sino también contra la ciencia biológica y psicológica.

Vamos por partes:

1.- Dios, querido Bergoglio, no hizo a nadie homosexual. Si bien es claro que puede haber una experiencia de atracción sexual entre miembros del mismo sexo, toda la sexualidad está, por su propia naturaleza, orientada hacia el otro sexo. Así es como Dios lo hizo, y lo hizo con el ´único propósito de la procreación: “Y creo Dios al hombre a su imagen y semejanza, a la imagen de Dios lo creo, varón y hembra los creo. Y les bendijo diciendo: ¡creced, multiplicaos y llenad la tierra y sometedla.”(Gn. 1,27-28) ¿Dónde está pues la creación del híbrido homosexual, Bergoglio?
2.- Es verdad que Dios ama al pecador, ya sea homosexual ya sea heterosexual, ¡menuda noticia nos da Bergoglio! Pero eso no quiere decir que ame al pecado, es decir, en este caso, una vida sexual equivocada y contra natura. Dios odia el pecado, todo pecado. Lo que quiere Dios, esa es su voluntad, es que todos se salven y por lo tanto nunca puede aprobar un pecado, tampoco el de las relaciones homosexuales, porque, como dice el Sirácida: “No digas que Él me ha hecho errar, porque no tiene necesidad de hombres malvados. El Señor aborrece toda abominación de error, y los que le temen no la amarán.” (Si. 15,12-13)

3.- Al decirle a Cruz que Dios ama su atracción sexual hacia los hombres, Bergoglio dice que Dios ama la homosexualidad, otra asombrosa blasfemia: “No te acostarás con hombre como con mujer, porque es una abominación.” (Lv. 18,22)

4.- No existe ningún estudio empírico medianamente serio que pruebe las causas biológicas o genéticas de la homosexualidad. Pero, al contrario, existen miles de estos estudios que demuestran que esta desviación sexual es producto del aprendizaje social y de deficiencias afectivas. Lo que se ha demostrado con creces es que un homosexual no nace sino que se hace, y todo lo que se aprende se puede desaprender con una terapia reparativa adecuada y con gran dosis de amor hacia la persona que quierte cambiar.

En definitiva pienso que la única parte de los comentarios de Bergoglio que se puede creer de todo corazón es cuando dice aquello de “a mí no me importa”. Cuando se trata de cuestiones de fe y moral y para la salvación de las almas, podemos estar seguros que a Bergoglio no le importa un comino. Un nunca ha dicho nada tan cierto.

Y es que, como ya he dicho en muchas ocasiones, Ratzinger será recordado como lo que es, un gran pensador, pero Bergoglio será juzgado como un político capaz, a la manera de su admirado Perón, de mutar y de decirle a cada uno lo que quiere oír, y de utilizar para sus fines incluso a sus antiguos adversarios (los neo populistas) .
Así se entiende lo que dice Sabreli “con el pretexto de acoger a los pecadores arrepentidos, recibe corruptos no recuperables.”

domingo, 24 de diciembre de 2017

Carta abierta a sor Lucia Caram



CARTA ABIERTA A SOR LUCIA CARAM
Gonzalo Duñaturria (OK DIARIO 23-12-17)

Señora Caram:
Como bien debería saber, con independencia del credo religioso, a la mayoría de la gente le enternece la figura de una monja. Representa a ese grupo de mujeres increíblemente respetables y admiradas. Provocan esa sonrisa de afecto, de agradecimiento, incluso de ternura. Es la sonrisa que de manera natural y espontánea provoca un niño, un paisaje, el mar. Pero con usted, disculpe por ello, el efecto es justo el contrario. En su aireado afán por dar la nota, ha conseguido provocar un incontrolable sentimiento de rechazo e incluso de repudio. Sólo hay que echar una mirada a las redes sociales para darse cuenta de ello. Es curioso. En todo este “circo” que supone el llamado “prucés” aparecen un sinfín de individuos y comediantes, trileros y mentirosos, que por un incierto y desconocido motivo han destrozado una sociedad entera. Y usted figura en primera línea, entre ellos, emergiendo con luz propia, vomitando lo contrario de lo que representa.
Hágame caso, quítese el hábito. No lo manche ni emponzoñe más. No deje tan mal a Santo Domingo de Guzmán o a Santa Catalina de Siena. Se supone que ha sido consagrada en una orden religiosa que sigue habitualmente una vida monástica y que se acoge a una serie de reglas, sobre todo de carácter moral. Mientras desde sus funciones pastorales y religiosas, de forma altruista y sin que su mano derecha sepa lo que hace la izquierda, como dice el mismo Señor en el Evangelio, debería ocuparse de los pobres, ayudar en los comedores sociales, colaborar en las escuelas, ayudar en la catequesis o en la parroquia, acoger ancianos y desvalidos, etc., desde su púlpito emponzoñado, con ira, inocula el odio, lo menos piadoso que pudiera existir. Su “mensaje” desprende odio y su “rosario” diario consiste en ofender, menospreciar y humillar con su venenosa lengua a cuantos no comulgan con usted o con los del “prucés”, defendiendo una ideología xenófoba, excluyente, totalitaria y anti solidaria, que quebranta nuestra convivencia, siembra el rencor, impone la mentira y fomenta el engaño.
Dice ser monja contemplativa. Pues contemple su aportación a la Cataluña de hoy teñida de ruina moral y de familias descompuestas, fruto de sus “epístolas” repletas de hiel. No hable de “Cataluña como pueblo”. Hable de una sociedad dividida y fragmentada por ese proceso tiránico, que es al tiempo un negocio del que usted parece vivir. Tiene la misma responsabilidad que aquellos que hoy se encuentran encausados. Pero quizá la suya sea mucho más execrable, pues para los mismos fines y con las mismas ideas sabe que se encuentra amparada bajo su enfangado hábito. Si tuviera un ápice de honorabilidad y se esforzara en analizar su incoherencia corregiría su rumbo y pediría perdón. Ha traicionado y apostatado de toda norma moral que, como monja, le es es exigible. Se ha parapetado en el púlpito de los amancebados con el negocio del separatismo para no dar un palo al agua. Ofrece constantes muestras de su bajeza intelectual cada vez que emite cualquier tipo de opinión política y sus “mensajes” son el mejor ejemplo de tósigo e incoherencia. Sí, la mayoría de los españoles votamos afirmativamente la Constitución de 1978, pero no se votó a la “nación española” porque, señora, la nación española es preexistente y no se vota pues es una condición previa de legitimidad. La nación, su historia, los lutos y los fracasos de ésta desde hace más de 500 años no se van a romper son su cansino ·derecho a la autodeterminación”, norma de Derecho Internacional que sólo se puso en práctica durante la descolonización, teñida no pocas veces de sangre y genocidios.
Conocidos sus “antecedentes” por la jerarquía eclesiástica, no me explico cómo no ha sido ya apartada de sus funciones y de su orden, sobre todo porque usted ha renegado de ella. Lucía Caram, deje de “meter lio”, por mucho que lo haya dicho su “jefe”, de hacer tanto ruido inútil, chirriante, hiriente y molesto. Como dijo San Vicente de Paul, “El ruido no hace bien; el bien no hace ruido.”