¿Quién soy yo para
juzgarlos? Continuación…
Hace ya algún tiempo que Bergoglio, volviendo de Rio de
Janeiro, en la rueda de prensa improvisada en el avión, tan del gusto del
personaje, y haciendo gala de su siempre incontinencia verbal, dijo aquello de
¿Quién soy para juzgarlos? Refiriéndose a los gay. De todos es sabido lo bien
que cayó esta pregunta entre los del grupo LGTB y ad lateres.
Ahora el inquilino de la casa Santa Marta se despacha otra
vez con algo parecido, aunque más grave si cabe. Nos lo contaba “El País” del
pasado 19 de mayo en una entrevista que le hizo a Juan Carlos Cruz, una de las
víctimas del abuso sexual perpetrado por el padre Fernando Karadima, encubierto
por el otrora amigo y protegido de Bergoglio en Chile, el obispo Juan Barros.
Según cuenta Cruz, después de pedirle perdón, Francisco le
dijo: “Juan Carlos, sos gay, no importa. Dios le hizo así y le ama así y no me
importa.”
Naturalmente Bergoglio confunde una vez más el culo con las
témporas haciendo esta afirmación gratuita, imprudente y populista que va, no
solamente contra la Sagrada Escritura sino también contra la ciencia biológica
y psicológica.
Vamos por partes:
1.- Dios, querido Bergoglio, no hizo a nadie homosexual. Si
bien es claro que puede haber una experiencia de atracción sexual entre
miembros del mismo sexo, toda la sexualidad está, por su propia naturaleza,
orientada hacia el otro sexo. Así es como Dios lo hizo, y lo hizo con el ´único
propósito de la procreación: “Y creo Dios
al hombre a su imagen y semejanza, a la imagen de Dios lo creo, varón y hembra
los creo. Y les bendijo diciendo: ¡creced, multiplicaos y llenad la tierra y
sometedla.”(Gn. 1,27-28) ¿Dónde está pues la creación del híbrido
homosexual, Bergoglio?
2.- Es verdad que Dios ama al pecador, ya sea homosexual ya
sea heterosexual, ¡menuda noticia nos da Bergoglio! Pero eso no quiere decir
que ame al pecado, es decir, en este caso, una vida sexual equivocada y contra
natura. Dios odia el pecado, todo pecado. Lo que quiere Dios, esa es su
voluntad, es que todos se salven y por lo tanto nunca puede aprobar un pecado,
tampoco el de las relaciones homosexuales, porque, como dice el Sirácida: “No digas que Él me ha hecho errar, porque
no tiene necesidad de hombres malvados. El Señor aborrece toda abominación de
error, y los que le temen no la amarán.” (Si. 15,12-13)
3.- Al decirle a Cruz que Dios ama su atracción sexual hacia
los hombres, Bergoglio dice que Dios ama la homosexualidad, otra asombrosa
blasfemia: “No te acostarás con hombre
como con mujer, porque es una abominación.” (Lv. 18,22)
4.- No existe ningún estudio empírico medianamente serio que
pruebe las causas biológicas o genéticas de la homosexualidad. Pero, al
contrario, existen miles de estos estudios que demuestran que esta desviación
sexual es producto del aprendizaje social y de deficiencias afectivas. Lo que
se ha demostrado con creces es que un homosexual no nace sino que se hace, y
todo lo que se aprende se puede desaprender con una terapia reparativa adecuada
y con gran dosis de amor hacia la persona que quierte cambiar.
En definitiva pienso que la única parte de los comentarios de
Bergoglio que se puede creer de todo corazón es cuando dice aquello de “a mí no
me importa”. Cuando se trata de cuestiones de fe y moral y para la salvación de
las almas, podemos estar seguros que a Bergoglio no le importa un comino. Un
nunca ha dicho nada tan cierto.
Y es que, como ya he dicho en muchas ocasiones, Ratzinger
será recordado como lo que es, un gran pensador, pero Bergoglio será juzgado
como un político capaz, a la manera de su admirado Perón, de mutar y de decirle
a cada uno lo que quiere oír, y de utilizar para sus fines incluso a sus
antiguos adversarios (los neo populistas) .
Así se entiende lo que dice Sabreli “con el pretexto de acoger a los pecadores arrepentidos, recibe
corruptos no recuperables.”