lunes, 7 de diciembre de 2020

ANALISIS DE “FRATELLI TUTTI”

En realidad este documento (no me atrevo a llamarlo Encíclica por respeto a las verdaderas Encíclicas) está escrita por varias personas (muchos estilos diferentes) del nivel más bajo, en torno a Santa Marta, pero con una arrogancia nunca antes vista, incluso escandalosa para inteligencia de los demás católicos.

Quizá la mejor muestra de la insuficiencia radical del enfoque utilizado por los autores sean los tres personajes no católicos que le han inspirado para escribir este engendro, como Bergoglio explica al final del documento. De los tres uno ha sido un pedófilo racista, otro fue un adúltero orgiástico que toleraba la violación de mujeres y el tercero es un laico que pretende ser sucesor de los Apóstoles mientras rechaza las partes de la Biblia que no le gustan y considera que el Dios que adora la Iglesia Católica es “homófobo” y no se puede adorar. Eso si, los tres defendían algunas ideas que están de moda ahora mismo, lo que parece compensar todo lo demás. Esto nos dará una idea de los escasos y enfermos frutos que puede dar una fraternidad universal humana construida sobre arena y no sobre la gracia de Dios y la fe.

Se inspira primero en el Imán Ahmad Al Tayeb en Abu Dhabi. No tenía nada mejor para inspirarse para escribir una encíclica católica. Nada menos que un Imán musulmán que sistemáticamente se opone incluso con violencia a la religión católica. Luego en Ghandi, Desmond Tutu y Martin Luther King.

No obstante, para quedar bien, dice también inspirarse en  en San Francisco de Asís con su famosa llamada Fratelli Tutti (Todos los hermanos), pero lo hace de una manera que es claramente diferente a la de San Francisco. Para San Francisco, “Todos los hermanos son aquellos que siguen e imitan a Cristo, es decir, todos los cristianos, y ciertamente no simplemente todos los hombres y menos aún los seguidores de las religiones no cristianas. En realidad la frase de San Francisco iba dirigida a sus hermanos de comunidad, los frailes unidos como hijos del Dios revelado en Jesucristo por medio del bautismo y en el sufrimiento de Cristo, y no a unos supuestos hermanos de todas las religiones o sin religión  alguna unidos en una fraternidad puramente humana.”

En el nº 3 parece querer decir que San Francisco visitó al sultan Malik-el-Kamil en Egipto para estrechar lazos de amistad “ecuménica”. Pero la realidad es bien distinta. San Francisco cuando se entrevistó con el sultán, sin ningún miedo y sin ningún respeto humano, empezó diciendo: “Somos embajadores de nuestro Señor Jesucristo y tenemos un mensaje de su parte para ti y para tu pueblo: que creáis en el Evangelio”.

Y además le dijo: “Cuando invades las tierras que has usurpado, los cristianos actúan con justicia atacándote porque blasfemas del nombre de Cristo y te esfuerzas por alejar de la VERDADERA RELIGION a tantas personas como puedes. Si, por el contrario, quisieras conocer, confesar y adorar al Creador y Redentor del mundo, los cristianos te amarían como a ellos mismos.” (Todo ello lo podemos leer y ampliar en Legenda Maior de San Buenaventura 12,8)

O sea que él tenía muy claro que el verdadero amor fraterno sólo podía encontrarse en Cristo y en la conversión a Él. Nada de cambalaches de la religión universal y el Dios igual para todos.

En el nº 4 insiste Bergoglio en hacernos creer en una especie de empatía de San Francisco con los musulmanes, pero otra vez, nada más contrario a la realidad: Él si que quería imponer la doctrina cristiana ya que pensaba y decía que sólo en Cristo está la verdad. Y sus hermanos franciscanos fueron a tierra de sarracenos no a abrazar y hacer reunioncitas ecuménicas con los moros sino que fueron a hacer lo que su superior les había mandado, a saber: “Jesucristo me ha ordenado que os envie al país de los sarracenos como ovejas entre lobos, para predicar y confesar su fe y combatir la ley de Mahoma.

¡Toma ya, ecumenismo! San Francisco tenía muy claro que iban a Egipto a hacer proselitismo del cristianismo y a denunciar que la religión de Mahoma era una falsa religión que no salvaba de nada. Que Ala no es el mismo Dios de los cristianos ni por asomo.

GANDHI

Dice que también se inspira en el santón hindú Mahatma Gandhi. Y veamos quien era en realidad Gandhi: Era sobre todo u racista y nacionalista hindú que odiaba a los negros y a las castas inferiores. Era un defensor a ultranza de las castas y la raza india y por lo tanto un racista de tomo y lomo que fue denunciado en numerosas ocasiones por los antirracistas. Él en realidad creía en la hermandad aria que incluía a blancos y a los hindúes de las castas más altas, diciendo que los africanos eran de clase inferior y que por lo tanto se les podía esclavizar.

Por eso, nombrar a Gandhi como inspirador de una encíclica católica sobre la “fraternidad” – cuando tan claramente contradice la esencia misma de la hermandad por su creencia en las castas, las razas y el nacionalismo estrecho, desacredita la Fratelli Tutti.

DESMOND TUTU

Este obispo anglicano apoyo fuertemente la “boda” lésbica de su hija. Adoptó un estilo de vida homosexual como una virtud cristiana y vinculó la lucha contra el apartheid con los derechos de los gays como una “túnica sin costuras”. ¿Átame esa mosca por el rabo!

También está muy a favor de la eutanasia y el aborto. En una ocasión dijo: “los moribundos tienen derecho de elegir cómo y cuándo dejar la Madre Tierra (Es decir la Pachamama que tanto le gusta a Bergoglio).

Veamos ahora algunos de los números de este documento:

Nª 8 Las religiones al servicio de la fraternidad en nuestro mundo

El título en sí mismo ya revela un cierto tipo de relativismo religioso. Las religiones son vistas aquí como un medio de fraternidad natural. Por lo tanto, uno es llevado a entender la religión como un medio para promover el naturalismo. Esto es contrario a la esencia del cristianismo, que es la única u verdadera religión sobrenatural. La Fe Cristiana no puede ser puesta indiscriminadamente al mismo nivel que las otras religiones; eso sería una traición al Evangelio. Y esto porque también hay religiones en las que se adora a los espíritu malignos. No se puede poner el concepto de Dios en la religión cristiana al mismo nivel que una religión que practica la idolatría. La Sagrada Escritura dice: “Todos los dioses de las naciones son demonios” (Sal.96,5)  y San Pablo enseña que “los sacrificios de los paganos se ofrecen a los demonios, no a Dios.” (1 Cor. 10,20).

Por lo tanto, los adherentes de las religiones no cristianas no tienen el don de la virtud sobrenatural de la fe y por lo tanto no pueden ser llamados “creyentes” en el sentido de esta palabra. Los no creyentes no aceptan la revelación divina dada a través de Jesucristo. Él mismo nos dijo aquello de que “los que no están conmigo están contra mí.”

Por eso los cristianos no somos simplemente “compañeros de viaje” como dice el nº 274 de la FT, junto con los adeptos de falsas religiones como el Islam, el Budismo, en Sintoísmo, la Pachamama, etc.- religiones que Dios prohíbe. A este respecto, es memorable la siguiente afirmación teológicamente precisa de San Pablo VI: “Nuestra religión cristiana establece efectivamente con Dios una relación auténtica y viva que las demás religiones no logran establecer, aunque tengan, por así decirlo, los brazos extendidos hacia el cielo.” (Exhortación apostólica Evangelli nuntiandi, n. 53)

Varias expresiones de FT transmiten sustancialmente el mismo relativismo religioso expuesto en el documento de Abu Dhabi, que afirma que “el pluralismo y la diversidad de las religiones, el color, el sexo, la raza y el idioma son queridos por Dios en su sabiduría.” Pero la verdad que nuestro Señor reveló, y que la Iglesia ha proclamado constante e inmutablemente, sigue siendo válida para siempre: “El principal deber de todos los hombres es aferrarse a la religión, tanto en su alcance como en su práctica, no a la religión que puedan preferir, sino a la religión que Dios ordena, y que ciertas y más claras marcas muestran que es la única religión verdadera.”. (León XIII, Inmortale Dei, 4)

El Concilio Vaticano I llega incluso más lejos al declarar lo siguientes: No hay paridad entre la condición de los que se han adherido a la verdad católica por el don celestial de la fe, y la condición de los que, guiados por las opiniones humanas, siguen una religión falsa”. Si alguien dice que la condición de los fieles y de los que no han alcanzado todavía la única fe verdadera está a la par, que sea anatema. (Can. 3 y 6)

A partir del número 6 empieza a hablar sobre la fraternidad, pero sin distinguir muy bien lo que es la verdadera. Él habla de “un sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en palabras”, es decir de algo puramente humano y social que no trasciende a lo sobrenatural propio de la fraternidad cristiana.

Lo cierto es que la verdadera fraternidad, como le gusta a Dios, es la fraternidad en y a través de Cristo, el Hijo de Dios encarnado. El Papa Benedicto XVI delimitó correctamente el concepto cristiano de fraternidad cuando dijo: “Uno es vuestro maestro, pero todos vosotros sois hermanos (Mt.23, 8). Con esta palabra del Señor la relación entre los cristianos se determina como una relación de hermanos y hermanas como una nueva hermandad del espíritu, opuesta a la hermandad natural, que surge de la relación de sangre.” (Die Christliche Brüderlichneit, Munchen 1960, 13)

Desde el principio los cristianos conocieron la diferencia esencial entre la mera hermandad natural y la hermandad a través del bautismo. San Agustín escribió: “Entonces dejarán de ser nuestros hermanos, cuando dejen de decir, Padre nuestro. A los paganos no los llamaremos hermanos según la Escritura y el modo de hablar eclesiástico.” (En el Salmo 32, 2,29)

Si los líderes de la Iglesia en nuestros días se contentan con la hermandad de carne y sangre, con los “fratelli tutti” en carne y sangre, están descuidando el mandamiento de Dios en el Evangelio, es decir, el mandamiento de hacer a los miembros de todas las naciones y religiones discípulos de Cristo, hijos en el Hijo Unigénito de Dios, hermanos en Cristo, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a observar todas las cosas que Cr4isto ha mandado (Nat, 25, 19-20). Pero, claro, ahora esto es “hacer proselitismo” y eso no se debe hacer, según el papa Bergoglio.

La fraternidad que nos predica la FT es una fraternidad en la carne y la sangre, es decir, una fraternidad limitada al aquí a ahora, que es perecedera, una fraternidad limitada a la coexistencia pacífica en la bondad que implica una extraordinaria pobreza espiritual, una vida deficiente, una felicidad incompleta, ya que en tal perspectiva falta lo más importante en el mundo entero y en toda la historia humana, a saber, Cristo, el Dios encarnado, el Hijo unigénito y eterno de Dios, el hermano, amigo y esposo del alma de todos los que renacen en Dios.

Qué urgente es que el Vicario de Cristo en nuestros días vuelva a proclamar al mundo entero las palabras de su predecesor, Juan Pablo II:”Todos vosotros que todavía buscáis a Dios, todos vosotros que ya tenéis la inestimable fortuna de creer, y también vosotros que estáis atormentados por la duda: os ruego que escuchéis una vez más, las palabras pronunciadas por Simón Pedro. En estas palabras está la fe de la Iglesia. En estas mismas palabras está la nueva verdad, es más, la verdad última y definitiva sobre el hombre: el hijo del Dios vivo: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. (Homilía para la inauguración de su pontificado, 22 octubre de 1978). ¡Qué valiente, qué apostólico, que magnífico sería, si estas palabras hubieran resonado también en Fratelli Tutti!

Decía el arzobispo Schneider hace poco que a menudo la Iglesia de hoy carece de una perspectiva sobrenatural, y es verdad.

La encíclica Fratelli Tutti, lamentablemente, agrava la crisis de décadas de debilitamiento de la perspectiva sobrenatural en la vida de la Iglesia, con el consiguiente abrazo excesivo de las realidades temporales y mundanas y la aún peor tendencia a interpretar incluso las realidades espirituales y teológicas de manera naturalista y racionalista. Esto implica diluir el Evangelio, es decir, las verdades reveladas, en un humanismo naturalista.

En cuanto a su contenido y horizonte intelectual, la FT puede resumirse en estas palabras: “nuestra ciudadanía está en la tierra”. La nueva encíclica agrava el naturalismo que reina hoy en la Iglesia, que puede describirse como una falta de amor a la Cruz de Cristo, a la oración, una falta de conciencia de la gravedad del pecado y la necesidad de reparación. Hasta cierto punto la FT está en desacuerdo con lo que San Pablo escribió al principio de la Iglesia: “Nuestra ciudadanía está en el cielo, y de él esperamos un Salvador, el Señor Jesucristo” (Fil 3,20). Y también son memorables las palabras de la primera encíclica social del Magisterio, Rerum Novarum, en la que el Papa León XIII enseña que la Iglesia debe mirar siempre las realidades temporales con una perspectiva sobrenatural.

Libertad, Fraternidad, Igualdad

Estos tres temas recorren FT y, en realidad son tres conceptos que tienen un significado cristiano aunque fueron mal utilizados por la Revolución Francesa masónica.

La verdadera libertad, según la Sagrada Escritura es la libertad de la máxima esclavitud, es decir, la esclavitud al diablo y al pecado, y la ignorancia de las verdades divinas. La verdadera libertad sólo nos la puede dar Jesucristo como un regalo de su obra redentora. “La misma creación será liberada de su esclavitud a la corrupción y obtendrá la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom.8, 21).

La verdadera fraternidad no es la hermandad de los nacidos de la sangre, la carne y la voluntad del viejo Adán, sino más bien la fraternidad de los nacidos de Dios (véase Jn. 1,13) que son hermanos en Cristo, el nuevo Adán (cfr. Rom 5,14)

El concepto de la verdadera igualdad significa que todos los pecadores están igualmente necesitados de salvación en Cristo. “No hay distinción: por cuanto todos pecaron y todos estás destituidos de la gloria de Dios.” (Ro, 3,22-23)

La conclusión inevitable, sugerida numerosas veces a lo largo de la FT, es que la libertad, fraternidad e igualdad universales no se instaurarán mediante la fe en Cristo y la Redención, sino cuando la educación, la buena voluntad, la apertura al diferente, los “deseos de hermandad” y el diálogo venzan a los opresores y todos seamos felices y comamos perdices. “Así podemos soñar como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos”. (FT, n 8)

Es lamentable que Bergoglio haya utilizado este tema ideológico central de la masonería incluso como subtítulo de un capítulo entero de la FT (Véanse los n 103-105), sin presentar la aclaración y distinción necesarias para evitar cualquier malentendido e instrumentalización.

No es extraño que algunas logias masónicas hayan felicitado al Papa por la encíclica, señalando, con razón, que la masonería fue condenada por la Iglesia varias veces en el pasado por este mismo intento de promover una fraternidad universal por encima de todas las religiones. Es in negable que los Papas anteriores condenaron en numerosas ocasiones los intentos de sus épocas respectivas de establecer ese tipo de fraternidad humana universal al margen de la fe y más allá de ella. Y ahora ven que el papa actual no solamente no condena a la masonería sino que sus ideas son iguales a las de ella.

Un ejemplo lo tenemos en la Gran Logia de España que en una declaración a los medios de comunicación expreso su satisfacción por la última encíclica de Francisco, Fratelli Tutti, declarando que el papa ha adoptado el concepto masónico de fraternidad y ha alejado a la Iglesia Católica de sus anteriores posiciones. Literalmente, entre otras cosas, estas declaraciones dicen: “La última encíclica de Francisco demuestra lo lejos que está la actual Iglesia Católica de sus antiguas posiciones. En FT, el papa abraza la fraternidad universal, el gran principio de la masonería moderna.”

Las similitudes y la superposición de la idea masónica de fraternidad y la propuesta en FT son sorprendentes. Sustancialmente, el papa Bergoglio presenta una fraternidad meramente terrenal y temporal de carne y hueso en el nivel natural. Es en última instancia una fraternidad basada y nacida del primer Adán y no de Cristo, el nuevo Adán.

Esto lo podemos ver en las siguientes afirmaciones:

“Es mi deseo contribuir al nacimiento de una aspiración universal a la fraternidad” (n 8)

“El número cada vez mayor de interconexiones y comunicaciones en el mundo actual nos hace poderosamente conscientes de la unidad y el destino común de las naciones. En las dinámicas de la historia y en la diversidad de las etnias, sociedades y culturas, vemos los gérmenes de una vocación a formar una comunidad compuesta por hermanos y hermanas que se aceptan y cuidad unos a otros”. (n 96)

Es decir, las mismas ideas masónicas de los teóricos del Nuevo Orden Mundial y del Globalismo. Una fraternidad universal y meramente naturalista basada en los lazos de sangre y naturaleza es el núcleo de la teoría y la praxis de la masonería internacional. El famoso masón francés, el Marqués de La Tierce, escribió en su introducción a la traducción de las Primeras Constituciones de los Francmasones de Andersen, que la fraternidad universal significa “una religión universal, en la que todos los hombres estén de acuerdo. Consiste en ser bueno, sincero, modesto y gente de honor, por cualquier denominación o creencia particular que se pueda distinguir.” (Revu f’Histoire Moderne et Contemporaine 1997. 44,2, 197)

El Papa León XIII señaló precisamente el naturalismo como la característica central de la masonería, ya que ésta persigue como objetivo la sustitución de un nuevo estado de las cosas según sus ideas, cuyos fundamentos y leyes se extraerán del mero naturalismo. (Humanum Genus, 10) Este es el principal dogma de la masonería: “sólo hay una religión, una sola verdadera, una sola natural, la religión de la humanidad.” ( Henri Delassus: La Conjuration Antichretienne, Lille 1910, tomo 3, p. 816)

Se puede afirmar que desde el punto de vista religioso y espiritual católico, el naturalismo es una de las mayores tentaciones y engaños con las que Satanás aleja a los hombres del Reino de Cristo, el reino de la gracia y la vida sobrenatural.

Sin proclamar los derechos de Dios, los derechos de Cristo sobre todos los hombres y naciones, los derechos de los hombres, el bienestar social, la justicia y la paz carecerán de una garantía sólida. Así nos los resumía sabiamente el Papa León XIII:

“El mundo ya ha escuchado suficientemente de los llamados ‘derechos de los hombres’. Dejemos que escuche algo de los derechos de Dios. Qué Dios mire con misericordia a este mundo, que ha pecado mucho, pero que también ha sufrido mucho en la expiación! Y, abrazando en su bondad amorosa a todas las razas y clases de la humanidad, que recuerde sus propias palabras: ‘Yo, si soy levantado de la tierra, atraeré todas las cosas hacia mí.” (Jn. 12,32) (Enciclica Tametsi Futura Prospicientibus, 13)

Es muy preocupante que uno de los capítulos de FT (el 8) se titule “Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo”. Uno saca la impresión de que se considera aque lo importante es la fraternidad universal, mientras que las religiones, incluida la católica, están al servicio de esa idea transreligiosa, que es lo que verdaderamente nos une. A esto se suma que, durante todo el texto, el cristianismo se coloca como una más de las múltiples religiones del mundo y, sin ningún rubor ni pudor, se sustituye la fe sobrenatural por la simple creencia natural en Dios como criterio de actuación, de una forma asombrosamente ingenua. Sólo en un pequeño apartado titulado “la identidad cristiana” se reconoce que los cristianos nos basamos en el Evangelio, mientras que los demás, por su parte, “beben en otras fuentes (FT 277-278) ¡cuatro números de casi trescientos!

La ecología

Además de la cacareada “Fraternidad universal masónica”, el documento recoge multitud de otros temas con el mismo enfoque de construir en la tierra una especie de Reino de Dios en el que el propio Dios es opcional. Uno de estos temas es evidentemente la ecología, que mereció su propia “encíclica”, Laudato si. Es evidente que no hay nada de malo en ser limpios, no ensuciar innecesariamente, cuidar el entorno, etc., como por otra parte hace cualquier persona medianamente sensata y decente, pero, desde el punto de vista cristiano, son obligaciones de cuarta categoría. Sin duda puede encontrarse una relación entre estos temas y preceptos cristianos, pero no tiene sentido convertirlos en una preocupación fundamental del cristiano, especialmente cuando son preocupaciones ausentes en dos mil años de cristianismo y, en especial, en la Sagrada Escritura, la Tradición y la predicación del propio Cristo. Los intentos de retorcer las poesías de San Francisco para encontrar algo parecido muestran por contraste, esa ausencia clamorosa de raíces en la Tradición. Así se llega, como en la FT a asegurar que el coronavirus no es un castigo devino, pero si obra de la naturaleza que “gime y se rebela y termina cobrándose nuestros atropellos.” (FT 34). Se ha pasado de una comprensión teológica del mal como justo castigo divino del pecado a una comprensión naturalista y supersticiosa, que personifica a la naturaleza como un ser a la vez ciego y vengador (La Pachamama)

Los muros

Otro recurrente de Bergoglio son los muros que, como era de esperar, vuelve a aparecer en FT. De forma temerariamente drástica, se nos asegura que los muros provienen de la inseguridad, el temor y el narcisismo, y que “cualquiera que levante un muro, quien construya un muro, terminará siendo un esclavo dentro de los muros que ha construido, sin horizontes” (FT 27).

Este tipo de afirmaciones, hay que reconocerlo, resultan algo patéticas en boca del Jefe de Estado del único pañis del mundo rodeado literalmente por un muro y más añú teniendo en cuenta que la Sagrada Escritura elogia constantemente las murallas del pueblo de Dios, sobre las cuales el papa, los obispos y los sacerdotes han sido colocados como centinelas (cf. Is. 62,6)

La auto referencialidad

Sin querer entrar en muchos detalles ni extenderme en este aspecto, solo diré que, siguiendo su monomanía, critica a los que se auto referencian, pero él en la FT se cita a si mismo unas 180 veces. ¡Toma ya auto referencialidad!

En resumen y para finalizar podemos decir que Fratelli Tutti es una “encíclica” lastrada por su silenciamiento de lo esencial que es la fe católica. No es que se niegue, simplemente pasa a un segundo o tercer plano, desplazada por otros temas que parecen interesar más al autor o autores.

Este documento representa una solución de emergencia meramente humana, y limita a la humanidad al horizonte de una aspiración universal a una fraternidad naturalista[1]. Tal solución no tendrá efectos curativos verdaderos, ya que no se construye sobre la proclamación explícita de Jesucristo como Dios encarnado y único camino de salvación. La Iglesia, incluso en su enseñanza social, tiene que construir la Casa de Dios, que es el Reino de Jesucristo en el misterio de su iglesia y su realeza social. No es misión de laq Iglesia construir una “nueva humanidad” en el plano naturalista (cf. FT 127), ni “trabajar por la promoción de la humanidad y de la fraternidad universal” (FT 276), ni construir “un mundo nuevo” para la justicia y la paz temporal (FT 278).

Hasta cierto punto, se puede aplicar a FT estas palabras de la Sagrada Escritura: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los constructores. Si el Señor no vigila la ciudad, en vano se despierta el centinela” (Sal. 126,1). Llenas de verdadero poder profético y de relevancia para la situación actual de la Iglesia y del mundo son las siguientes palabras del siervo de Dios, el sacerdote italiano don Dolindo Ruotolo, en siu carta a Pio XI:

“Los males más graves  amenazan a la Iglesia y al mundo. Estos males no se evitan con soluciones de emergencia humanas, sino únicamente con la vida divina de Jesús en nosotros. Una gran batalla comienza entre el bien y el mal, entre el orden y el desorden, entre la verdad y el error, entre la Iglesia y la apostasía. Los sacerdotes gimen bajo la desolación de una vida inercial, los religiosos se han vuelto pobres en la vida santa. Los pastores, los obispos, están adormecidos. Se arrastran y no tienen fuerzas para animar a su rebaño, que está disperso.” (Carta del 23 de diciembre de 1924).

Hoy la Iglesia de Roma se encuentra en una situación similar de colapso espiritual, debido al torpor espiritual de la mayoría de los Pastores de la Iglesia, a la excesiva absorción del propio papa en los asuntos temporales y a sus esfuerzos por hacer renacer una aspiración universal a una fraternidad mundana y naturalista.

¡Qué gran oportunidad perdida de proclamar ante el mundo que la única hermandad que merece la pena es la de los hijos de Dios redimidos por Cristo! “En la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer […] para que recibiéramos el ser hijos de adopción […] de modo que ya no somos esclavos sino hijos.”

Sólo somos hermanos porque somos hijos de Dios y somos hijos de Dios porque Cristo ha muerto y resucitado por nosotros. La Iglesia es la congregación de los hombres en Cristo por la fe en el bautismo y constituye la semilla sobrenatural de la fraternidad universal del género humano, que, cuando vuelva Cristo, se realizará en plenitud. Como bien dice el Vaticano II, “el pueblo mesiánico, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, en germen segurísimo de unidad, esperanza y de salvación” (LG, 9) No hay ni puede haber ninguna otra fraternidad mundial verdadera entre los hombres.

En cambio Fratelli Tutti, quizá con buena intención pero con poco discernimiento, se dedica a proclamar solemnemente a los paganos que lo importante no es creer o no creer en Cristo, sino “soñar juntos y permanecer esclavos cada uno en su propia religión, aunque sea falsa, porque esa falsedad, de alguna forma, es una “riqueza” ¿Para qué entonces se encarnó nuestro Señor? Qué sentido tuvo la Cruz en la que el Padre, para rescatar al esclavo, sacrifico a su Hijo? ¿De verdad creemos que los etéreos sentimientos de fraternidad universal tienen el más mínimo valor en comparación con ser realmente hijos de Dios en Cristo y, por lo tanto, verdaderos hermanos? El que no recoge conmigo, desparrama.

Dios nos conceda dedicarnos de nuevo a lo que de verdad importa y nos puede salvar: la fe católica en el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación. Sólo en Él podemos llegar a ser Hijos de Dios y, por lo tanto, verdaderos hermanos.

 

 

 

 

 

 

 



[1] El Naturalismo es una corriente filosófica que considera solamente la materia y niego la parte espiritual del individuo. En este sentido el espíritu sería una consecuencia de la materia.