ANALISIS DE “FRATELLI
TUTTI”
En realidad este documento (no me atrevo a llamarlo Encíclica
por respeto a las verdaderas Encíclicas) está escrita por varias personas
(muchos estilos diferentes) del nivel más bajo, en torno a Santa Marta, pero
con una arrogancia nunca antes vista, incluso escandalosa para inteligencia de
los demás católicos.
Quizá la mejor muestra de la insuficiencia radical del
enfoque utilizado por los autores sean los tres personajes no católicos que le
han inspirado para escribir este engendro, como Bergoglio explica al final del
documento. De los tres uno ha sido un pedófilo racista, otro fue un adúltero
orgiástico que toleraba la violación de mujeres y el tercero es un laico que
pretende ser sucesor de los Apóstoles mientras rechaza las partes de la Biblia
que no le gustan y considera que el Dios que adora la Iglesia Católica es
“homófobo” y no se puede adorar. Eso si, los tres defendían algunas ideas que
están de moda ahora mismo, lo que parece compensar todo lo demás. Esto nos dará
una idea de los escasos y enfermos frutos que puede dar una fraternidad
universal humana construida sobre arena y no sobre la gracia de Dios y la fe.
Se inspira primero en el Imán Ahmad Al Tayeb en Abu Dhabi. No
tenía nada mejor para inspirarse para escribir una encíclica católica. Nada
menos que un Imán musulmán que sistemáticamente se opone incluso con violencia
a la religión católica. Luego en Ghandi, Desmond Tutu y Martin Luther King.
No obstante, para quedar bien, dice también inspirarse
en en San Francisco de Asís con su
famosa llamada Fratelli Tutti (Todos los hermanos), pero lo hace de una manera
que es claramente diferente a la de San Francisco. Para San Francisco, “Todos
los hermanos son aquellos que siguen e imitan a Cristo, es decir, todos los
cristianos, y ciertamente no simplemente todos los hombres y menos aún los
seguidores de las religiones no cristianas. En realidad la frase de San
Francisco iba dirigida a sus hermanos de comunidad, los frailes unidos como
hijos del Dios revelado en Jesucristo por medio del bautismo y en el
sufrimiento de Cristo, y no a unos supuestos hermanos de todas las religiones o
sin religión alguna unidos en una
fraternidad puramente humana.”
En el nº 3 parece querer decir que San Francisco visitó al
sultan Malik-el-Kamil en Egipto para estrechar lazos de amistad “ecuménica”. Pero
la realidad es bien distinta. San Francisco cuando se entrevistó con el sultán,
sin ningún miedo y sin ningún respeto humano, empezó diciendo: “Somos
embajadores de nuestro Señor Jesucristo y tenemos un mensaje de su parte para
ti y para tu pueblo: que creáis en el Evangelio”.
Y además le dijo: “Cuando invades las tierras que has
usurpado, los cristianos actúan con justicia atacándote porque blasfemas del
nombre de Cristo y te esfuerzas por alejar de la VERDADERA RELIGION a tantas
personas como puedes. Si, por el contrario, quisieras conocer, confesar y
adorar al Creador y Redentor del mundo, los cristianos te amarían como a ellos
mismos.” (Todo ello lo podemos leer y ampliar en Legenda Maior de San
Buenaventura 12,8)
O sea que él tenía muy claro que el verdadero amor fraterno
sólo podía encontrarse en Cristo y en la conversión a Él. Nada de cambalaches
de la religión universal y el Dios igual para todos.
En el nº 4 insiste Bergoglio en hacernos creer en una especie
de empatía de San Francisco con los musulmanes, pero otra vez, nada más
contrario a la realidad: Él si que quería imponer la doctrina cristiana ya que
pensaba y decía que sólo en Cristo está la verdad. Y sus hermanos franciscanos
fueron a tierra de sarracenos no a abrazar y hacer reunioncitas ecuménicas con
los moros sino que fueron a hacer lo que su superior les había mandado, a
saber: “Jesucristo me ha ordenado que os envie
al país de los sarracenos como ovejas entre lobos, para predicar y confesar su
fe y combatir la ley de Mahoma.
¡Toma ya, ecumenismo! San Francisco tenía muy claro que iban
a Egipto a hacer proselitismo del cristianismo y a denunciar que la religión de
Mahoma era una falsa religión que no salvaba de nada. Que Ala no es el mismo
Dios de los cristianos ni por asomo.
GANDHI
Dice que también se inspira en el santón hindú Mahatma
Gandhi. Y veamos quien era en realidad Gandhi: Era sobre todo u racista y
nacionalista hindú que odiaba a los negros y a las castas inferiores. Era un
defensor a ultranza de las castas y la raza india y por lo tanto un racista de
tomo y lomo que fue denunciado en numerosas ocasiones por los antirracistas. Él
en realidad creía en la hermandad aria que incluía a blancos y a los hindúes de
las castas más altas, diciendo que los africanos eran de clase inferior y que
por lo tanto se les podía esclavizar.
Por eso, nombrar a Gandhi como inspirador de una encíclica
católica sobre la “fraternidad” – cuando tan claramente contradice la esencia
misma de la hermandad por su creencia en las castas, las razas y el
nacionalismo estrecho, desacredita la Fratelli Tutti.
DESMOND TUTU
Este obispo anglicano apoyo fuertemente la “boda” lésbica de
su hija. Adoptó un estilo de vida homosexual como una virtud cristiana y
vinculó la lucha contra el apartheid con los derechos de los gays como una
“túnica sin costuras”. ¿Átame esa mosca por el rabo!
También está muy a favor de la eutanasia y el aborto. En una
ocasión dijo: “los moribundos tienen
derecho de elegir cómo y cuándo dejar la Madre Tierra (Es decir la Pachamama
que tanto le gusta a Bergoglio).
Veamos ahora algunos de los números de este documento:
Nª 8 Las religiones al
servicio de la fraternidad en nuestro mundo
El título en sí mismo ya revela un cierto tipo de relativismo
religioso. Las religiones son vistas aquí como un medio de fraternidad natural.
Por lo tanto, uno es llevado a entender la religión como un medio para promover
el naturalismo. Esto es contrario a la
esencia del cristianismo, que es la única u verdadera religión
sobrenatural. La Fe Cristiana no puede
ser puesta indiscriminadamente al mismo nivel que las otras religiones; eso
sería una traición al Evangelio. Y esto porque también hay religiones en
las que se adora a los espíritu malignos. No se puede poner el concepto de Dios
en la religión cristiana al mismo nivel que una religión que practica la
idolatría. La Sagrada Escritura dice: “Todos
los dioses de las naciones son demonios” (Sal.96,5) y San Pablo enseña que “los sacrificios de los paganos se ofrecen a los demonios, no a Dios.”
(1 Cor. 10,20).
Por lo tanto, los adherentes de las religiones no cristianas
no tienen el don de la virtud sobrenatural de la fe y por lo tanto no pueden
ser llamados “creyentes” en el sentido de esta palabra. Los no creyentes no
aceptan la revelación divina dada a través de Jesucristo. Él mismo nos dijo
aquello de que “los que no están conmigo
están contra mí.”
Por eso los cristianos no somos simplemente “compañeros de
viaje” como dice el nº 274 de la FT, junto con los adeptos de falsas religiones
como el Islam, el Budismo, en Sintoísmo, la Pachamama, etc.- religiones que
Dios prohíbe. A este respecto, es memorable la siguiente afirmación
teológicamente precisa de San Pablo VI: “Nuestra
religión cristiana establece efectivamente con Dios una relación auténtica y
viva que las demás religiones no logran establecer, aunque tengan, por así
decirlo, los brazos extendidos hacia el cielo.” (Exhortación apostólica Evangelli
nuntiandi, n. 53)
Varias expresiones de FT transmiten sustancialmente el mismo
relativismo religioso expuesto en el documento de Abu Dhabi, que afirma que “el pluralismo y la diversidad de las
religiones, el color, el sexo, la raza y el idioma son queridos por Dios en su
sabiduría.” Pero la verdad que nuestro Señor reveló, y que la Iglesia ha
proclamado constante e inmutablemente, sigue siendo válida para siempre: “El
principal deber de todos los hombres es aferrarse a la religión, tanto en su
alcance como en su práctica, no a la religión que puedan preferir, sino a la
religión que Dios ordena, y que ciertas y más claras marcas muestran que es la
única religión verdadera.”. (León XIII, Inmortale Dei, 4)
El Concilio Vaticano I llega incluso más lejos al declarar lo
siguientes: No hay paridad entre la
condición de los que se han adherido a la verdad católica por el don celestial
de la fe, y la condición de los que, guiados por las opiniones humanas, siguen
una religión falsa”. Si alguien dice que la condición de los fieles y de los
que no han alcanzado todavía la única fe verdadera está a la par, que sea anatema. (Can. 3 y 6)
A partir del número 6 empieza a hablar sobre la fraternidad,
pero sin distinguir muy bien lo que es la verdadera. Él habla de “un sueño de
fraternidad y de amistad social que no se quede en palabras”, es decir de algo
puramente humano y social que no trasciende a lo sobrenatural propio de la
fraternidad cristiana.
Lo cierto es que la verdadera fraternidad, como le gusta a
Dios, es la fraternidad en y a través de Cristo, el Hijo de Dios encarnado. El
Papa Benedicto XVI delimitó correctamente el concepto cristiano de fraternidad
cuando dijo: “Uno es vuestro maestro,
pero todos vosotros sois hermanos (Mt.23, 8). Con esta palabra del Señor la
relación entre los cristianos se determina como una relación de hermanos y
hermanas como una nueva hermandad del espíritu, opuesta a la hermandad natural,
que surge de la relación de sangre.” (Die Christliche Brüderlichneit, Munchen
1960, 13)
Desde el principio los cristianos conocieron la diferencia
esencial entre la mera hermandad natural y la hermandad a través del bautismo.
San Agustín escribió: “Entonces dejarán
de ser nuestros hermanos, cuando dejen de decir, Padre nuestro. A los paganos
no los llamaremos hermanos según la Escritura y el modo de hablar
eclesiástico.” (En el Salmo 32, 2,29)
Si los líderes de la Iglesia en nuestros días se contentan
con la hermandad de carne y sangre, con los “fratelli tutti” en carne y sangre,
están descuidando el mandamiento de Dios en el Evangelio, es decir, el
mandamiento de hacer a los miembros de todas las naciones y religiones
discípulos de Cristo, hijos en el Hijo Unigénito de Dios, hermanos en Cristo,
bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y
enseñándoles a observar todas las cosas que Cr4isto ha mandado (Nat, 25,
19-20). Pero, claro, ahora esto es “hacer proselitismo” y eso no se debe hacer,
según el papa Bergoglio.
La fraternidad que nos predica la FT es una fraternidad en la
carne y la sangre, es decir, una fraternidad limitada al aquí a ahora, que es
perecedera, una fraternidad limitada a la coexistencia pacífica en la bondad
que implica una extraordinaria pobreza espiritual, una vida deficiente, una
felicidad incompleta, ya que en tal perspectiva falta lo más importante en el
mundo entero y en toda la historia humana, a saber, Cristo, el Dios encarnado,
el Hijo unigénito y eterno de Dios, el hermano, amigo y esposo del alma de
todos los que renacen en Dios.
Qué urgente es que el Vicario de Cristo en nuestros días
vuelva a proclamar al mundo entero las palabras de su predecesor, Juan Pablo
II:”Todos vosotros que todavía buscáis a
Dios, todos vosotros que ya tenéis la inestimable fortuna de creer, y también
vosotros que estáis atormentados por la duda: os ruego que escuchéis una vez
más, las palabras pronunciadas por Simón Pedro. En estas palabras está la fe de
la Iglesia. En estas mismas palabras está la nueva verdad, es más, la verdad
última y definitiva sobre el hombre: el hijo del Dios vivo: ‘Tú eres el Cristo,
el Hijo del Dios vivo”. (Homilía para la inauguración de su pontificado, 22
octubre de 1978). ¡Qué valiente, qué
apostólico, que magnífico sería, si estas palabras hubieran resonado también en
Fratelli Tutti!
Decía el arzobispo Schneider hace poco que a menudo la
Iglesia de hoy carece de una perspectiva sobrenatural, y es verdad.
La encíclica Fratelli Tutti, lamentablemente, agrava la
crisis de décadas de debilitamiento de la perspectiva sobrenatural en la vida
de la Iglesia, con el consiguiente abrazo excesivo de las realidades temporales
y mundanas y la aún peor tendencia a interpretar incluso las realidades
espirituales y teológicas de manera naturalista y racionalista. Esto implica
diluir el Evangelio, es decir, las verdades reveladas, en un humanismo
naturalista.
En cuanto a su contenido y horizonte intelectual, la FT puede
resumirse en estas palabras: “nuestra
ciudadanía está en la tierra”. La nueva encíclica agrava el naturalismo que
reina hoy en la Iglesia, que puede describirse como una falta de amor a la Cruz
de Cristo, a la oración, una falta de conciencia de la gravedad del pecado y la
necesidad de reparación. Hasta cierto punto la FT está en desacuerdo con lo que
San Pablo escribió al principio de la Iglesia: “Nuestra ciudadanía está en el
cielo, y de él esperamos un Salvador, el Señor Jesucristo” (Fil 3,20). Y también son memorables
las palabras de la primera encíclica social del Magisterio, Rerum Novarum, en
la que el Papa León XIII enseña que la Iglesia debe mirar siempre las
realidades temporales con una perspectiva sobrenatural.
Libertad, Fraternidad,
Igualdad
Estos tres temas recorren FT y, en realidad son tres
conceptos que tienen un significado cristiano aunque fueron mal utilizados por
la Revolución Francesa masónica.
La verdadera libertad,
según la Sagrada Escritura es la libertad de la máxima esclavitud, es decir, la
esclavitud al diablo y al pecado, y la ignorancia de las verdades divinas. La
verdadera libertad sólo nos la puede dar Jesucristo como un regalo de su obra
redentora. “La misma creación será
liberada de su esclavitud a la corrupción y obtendrá la libertad de la gloria
de los hijos de Dios” (Rom.8, 21).
La verdadera fraternidad
no es la hermandad de los nacidos de la sangre, la carne y la voluntad del
viejo Adán, sino más bien la fraternidad de los nacidos de Dios (véase Jn.
1,13) que son hermanos en Cristo, el nuevo Adán (cfr. Rom 5,14)
El concepto de la verdadera igualdad significa que todos los pecadores están igualmente
necesitados de salvación en Cristo. “No
hay distinción: por cuanto todos pecaron y todos estás destituidos de la gloria
de Dios.” (Ro, 3,22-23)
La conclusión inevitable, sugerida numerosas veces a lo largo
de la FT, es que la libertad, fraternidad e igualdad universales no se
instaurarán mediante la fe en Cristo y la Redención, sino cuando la educación,
la buena voluntad, la apertura al diferente, los “deseos de hermandad” y el
diálogo venzan a los opresores y todos seamos felices y comamos perdices. “Así podemos soñar como una única humanidad,
como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que
nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada
uno con su propia voz, todos hermanos”. (FT, n 8)
Es lamentable que Bergoglio haya utilizado este tema
ideológico central de la masonería incluso como subtítulo de un capítulo entero
de la FT (Véanse los n 103-105), sin presentar la aclaración y distinción
necesarias para evitar cualquier malentendido e instrumentalización.
No es extraño que algunas logias masónicas hayan felicitado al Papa por la encíclica, señalando,
con razón, que la masonería fue condenada por la Iglesia varias veces en el
pasado por este mismo intento de promover una fraternidad universal por encima
de todas las religiones. Es in negable que los Papas anteriores condenaron en
numerosas ocasiones los intentos de sus épocas respectivas de establecer ese
tipo de fraternidad humana universal al margen de la fe y más allá de ella. Y
ahora ven que el papa actual no solamente no condena a la masonería sino que
sus ideas son iguales a las de ella.
Un ejemplo lo tenemos en la Gran Logia de España que en una declaración a los medios de
comunicación expreso su satisfacción por la última encíclica de Francisco,
Fratelli Tutti, declarando que el papa
ha adoptado el concepto masónico de fraternidad y ha alejado a la Iglesia
Católica de sus anteriores posiciones. Literalmente, entre otras cosas,
estas declaraciones dicen: “La última
encíclica de Francisco demuestra lo lejos que está la actual Iglesia Católica
de sus antiguas posiciones. En FT, el papa abraza la fraternidad universal, el
gran principio de la masonería moderna.”
Las similitudes y la superposición de la idea masónica de
fraternidad y la propuesta en FT son sorprendentes. Sustancialmente, el papa
Bergoglio presenta una fraternidad meramente terrenal y temporal de carne y
hueso en el nivel natural. Es en última instancia una fraternidad basada y
nacida del primer Adán y no de Cristo, el nuevo Adán.
Esto lo podemos ver en las siguientes afirmaciones:
“Es mi deseo contribuir
al nacimiento de una aspiración universal a la fraternidad” (n 8)
“El número cada vez
mayor de interconexiones y comunicaciones en el mundo actual nos hace
poderosamente conscientes de la unidad y el destino común de las naciones. En
las dinámicas de la historia y en la diversidad de las etnias, sociedades y
culturas, vemos los gérmenes de una vocación a formar una comunidad compuesta
por hermanos y hermanas que se aceptan y cuidad unos a otros”. (n 96)
Es decir, las mismas ideas masónicas de los teóricos del
Nuevo Orden Mundial y del Globalismo. Una fraternidad universal y meramente
naturalista basada en los lazos de sangre y naturaleza es el núcleo de la
teoría y la praxis de la masonería internacional. El famoso masón francés, el
Marqués de La Tierce, escribió en su introducción a la traducción de las
Primeras Constituciones de los Francmasones de Andersen, que la fraternidad
universal significa “una religión
universal, en la que todos los hombres estén de acuerdo. Consiste en ser bueno,
sincero, modesto y gente de honor, por cualquier denominación o creencia
particular que se pueda distinguir.” (Revu f’Histoire Moderne et Contemporaine
1997. 44,2, 197)
El Papa León XIII señaló precisamente el naturalismo como la
característica central de la masonería, ya que ésta persigue como objetivo la
sustitución de un nuevo estado de las cosas según sus ideas, cuyos fundamentos
y leyes se extraerán del mero naturalismo. (Humanum Genus, 10) Este es el
principal dogma de la masonería: “sólo hay una religión, una sola verdadera,
una sola natural, la religión de la humanidad.” ( Henri Delassus: La
Conjuration Antichretienne, Lille 1910, tomo 3, p. 816)
Se puede afirmar que desde el punto de vista religioso y
espiritual católico, el naturalismo es una de las mayores tentaciones y engaños
con las que Satanás aleja a los hombres del Reino de Cristo, el reino de la
gracia y la vida sobrenatural.
Sin proclamar los derechos de Dios, los derechos de Cristo
sobre todos los hombres y naciones, los derechos de los hombres, el bienestar
social, la justicia y la paz carecerán de una garantía sólida. Así nos los
resumía sabiamente el Papa León XIII:
“El mundo ya ha
escuchado suficientemente de los llamados ‘derechos de los hombres’. Dejemos
que escuche algo de los derechos de Dios. Qué Dios mire con misericordia a este
mundo, que ha pecado mucho, pero que también ha sufrido mucho en la expiación!
Y, abrazando en su bondad amorosa a todas las razas y clases de la humanidad,
que recuerde sus propias palabras: ‘Yo, si soy levantado de la tierra, atraeré
todas las cosas hacia mí.” (Jn. 12,32) (Enciclica Tametsi Futura Prospicientibus, 13)
Es muy preocupante que uno de los capítulos de FT (el 8) se
titule “Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo”. Uno saca la
impresión de que se considera aque lo
importante es la fraternidad universal, mientras que las religiones, incluida
la católica, están al servicio de esa idea transreligiosa, que es lo que
verdaderamente nos une. A esto se suma que, durante todo el texto, el
cristianismo se coloca como una más de las múltiples religiones del mundo y,
sin ningún rubor ni pudor, se sustituye la fe sobrenatural por la simple
creencia natural en Dios como criterio de actuación, de una forma
asombrosamente ingenua. Sólo en un pequeño apartado titulado “la identidad
cristiana” se reconoce que los cristianos nos basamos en el Evangelio, mientras
que los demás, por su parte, “beben en otras fuentes (FT 277-278) ¡cuatro
números de casi trescientos!
La ecología
Además de la cacareada “Fraternidad universal masónica”, el
documento recoge multitud de otros temas con el mismo enfoque de construir en
la tierra una especie de Reino de Dios en el que el propio Dios es opcional.
Uno de estos temas es evidentemente la ecología, que mereció su propia
“encíclica”, Laudato si. Es evidente que no hay nada de malo en ser limpios, no
ensuciar innecesariamente, cuidar el entorno, etc., como por otra parte hace
cualquier persona medianamente sensata y decente, pero, desde el punto de vista
cristiano, son obligaciones de cuarta categoría. Sin duda puede encontrarse una
relación entre estos temas y preceptos cristianos, pero no tiene sentido convertirlos en una preocupación fundamental del
cristiano, especialmente cuando son preocupaciones ausentes en dos mil años
de cristianismo y, en especial, en la Sagrada Escritura, la Tradición y la
predicación del propio Cristo. Los intentos de retorcer las poesías de San
Francisco para encontrar algo parecido muestran por contraste, esa ausencia
clamorosa de raíces en la Tradición. Así se llega, como en la FT a asegurar que
el coronavirus no es un castigo devino, pero si obra de la naturaleza que “gime
y se rebela y termina cobrándose nuestros atropellos.” (FT 34). Se ha pasado de
una comprensión teológica del mal como justo castigo divino del pecado a una
comprensión naturalista y supersticiosa, que personifica a la naturaleza como
un ser a la vez ciego y vengador (La Pachamama)
Los muros
Otro recurrente de Bergoglio son los muros que, como era de
esperar, vuelve a aparecer en FT. De forma temerariamente drástica, se nos
asegura que los muros provienen de la inseguridad, el temor y el narcisismo, y
que “cualquiera que levante un muro, quien construya un muro, terminará siendo
un esclavo dentro de los muros que ha construido, sin horizontes” (FT 27).
Este tipo de afirmaciones, hay que reconocerlo, resultan algo
patéticas en boca del Jefe de Estado del único pañis del mundo rodeado
literalmente por un muro y más añú teniendo en cuenta que la Sagrada Escritura
elogia constantemente las murallas del pueblo de Dios, sobre las cuales el
papa, los obispos y los sacerdotes han sido colocados como centinelas (cf. Is.
62,6)
La auto referencialidad
Sin querer entrar en muchos detalles ni extenderme en este
aspecto, solo diré que, siguiendo su monomanía, critica a los que se auto
referencian, pero él en la FT se cita a si mismo unas 180 veces. ¡Toma ya auto
referencialidad!
En resumen y para finalizar podemos decir que Fratelli Tutti
es una “encíclica” lastrada por su silenciamiento de lo esencial que es la fe
católica. No es que se niegue, simplemente pasa a un segundo o tercer plano,
desplazada por otros temas que parecen interesar más al autor o autores.
Este documento representa una solución de emergencia
meramente humana, y limita a la humanidad al horizonte de una aspiración
universal a una fraternidad naturalista[1].
Tal solución no tendrá efectos curativos verdaderos, ya que no se construye sobre la proclamación explícita de Jesucristo
como Dios encarnado y único camino de salvación. La Iglesia, incluso en su
enseñanza social, tiene que construir la Casa de Dios, que es el Reino de
Jesucristo en el misterio de su iglesia y su realeza social. No es misión de
laq Iglesia construir una “nueva humanidad” en el plano naturalista (cf. FT
127), ni “trabajar por la promoción de la humanidad y de la fraternidad
universal” (FT 276), ni construir “un mundo nuevo” para la justicia y la paz
temporal (FT 278).
Hasta cierto punto, se puede aplicar a FT estas palabras de
la Sagrada Escritura: “Si el Señor no
construye la casa, en vano se cansan los constructores. Si el Señor no vigila
la ciudad, en vano se despierta el centinela” (Sal. 126,1). Llenas de
verdadero poder profético y de relevancia para la situación actual de la
Iglesia y del mundo son las siguientes palabras del siervo de Dios, el
sacerdote italiano don Dolindo Ruotolo, en siu carta a Pio XI:
“Los males más
graves amenazan a la Iglesia y al mundo.
Estos males no se evitan con soluciones de emergencia humanas, sino únicamente
con la vida divina de Jesús en nosotros. Una gran batalla comienza entre el
bien y el mal, entre el orden y el desorden, entre la verdad y el error, entre
la Iglesia y la apostasía. Los sacerdotes gimen bajo la desolación de una vida
inercial, los religiosos se han vuelto pobres en la vida santa. Los pastores,
los obispos, están adormecidos. Se arrastran y no tienen fuerzas para animar a
su rebaño, que está disperso.” (Carta del 23 de diciembre de 1924).
Hoy la Iglesia de Roma se encuentra en una situación similar
de colapso espiritual, debido al torpor espiritual de la mayoría de los
Pastores de la Iglesia, a la excesiva absorción del propio papa en los asuntos
temporales y a sus esfuerzos por hacer renacer una aspiración universal a una
fraternidad mundana y naturalista.
¡Qué gran oportunidad perdida de proclamar ante el mundo que
la única hermandad que merece la pena es
la de los hijos de Dios redimidos por Cristo! “En la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer
[…] para que recibiéramos el ser hijos de adopción […] de modo que ya no somos
esclavos sino hijos.”
Sólo somos hermanos porque somos hijos de Dios y somos hijos
de Dios porque Cristo ha muerto y resucitado por nosotros. La Iglesia es la
congregación de los hombres en Cristo por la fe en el bautismo y constituye la semilla sobrenatural de la
fraternidad universal del género humano, que, cuando vuelva Cristo, se
realizará en plenitud. Como bien dice el Vaticano II, “el pueblo mesiánico, aunque no incluya a todos los hombres actualmente
y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género
humano, en germen segurísimo de unidad, esperanza y de salvación” (LG, 9) No hay ni puede haber ninguna otra
fraternidad mundial verdadera entre los hombres.
En cambio Fratelli Tutti, quizá con buena intención pero con
poco discernimiento, se dedica a proclamar solemnemente a los paganos que lo
importante no es creer o no creer en Cristo, sino “soñar juntos y permanecer
esclavos cada uno en su propia religión, aunque sea falsa, porque esa falsedad,
de alguna forma, es una “riqueza” ¿Para qué entonces se encarnó nuestro Señor?
Qué sentido tuvo la Cruz en la que el Padre, para rescatar al esclavo,
sacrifico a su Hijo? ¿De verdad creemos que los etéreos sentimientos de
fraternidad universal tienen el más mínimo valor en comparación con ser
realmente hijos de Dios en Cristo y, por lo tanto, verdaderos hermanos? El que no recoge conmigo, desparrama.
Dios nos conceda
dedicarnos de nuevo a lo que de verdad importa y nos puede salvar: la fe
católica en el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación. Sólo en Él
podemos llegar a ser Hijos de Dios y, por lo tanto, verdaderos hermanos.
[1] El
Naturalismo es una corriente filosófica que considera solamente la materia y
niego la parte espiritual del individuo. En este sentido el espíritu sería una
consecuencia de la materia.
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