lunes, 28 de mayo de 2018


¿Quién soy yo para juzgarlos? Continuación…

Hace ya algún tiempo que Bergoglio, volviendo de Rio de Janeiro, en la rueda de prensa improvisada en el avión, tan del gusto del personaje, y haciendo gala de su siempre incontinencia verbal, dijo aquello de ¿Quién soy para juzgarlos? Refiriéndose a los gay. De todos es sabido lo bien que cayó esta pregunta entre los del grupo LGTB y ad lateres.

Ahora el inquilino de la casa Santa Marta se despacha otra vez con algo parecido, aunque más grave si cabe. Nos lo contaba “El País” del pasado 19 de mayo en una entrevista que le hizo a Juan Carlos Cruz, una de las víctimas del abuso sexual perpetrado por el padre Fernando Karadima, encubierto por el otrora amigo y protegido de Bergoglio en Chile, el obispo Juan Barros.
Según cuenta Cruz, después de pedirle perdón, Francisco le dijo: “Juan Carlos, sos gay, no importa. Dios le hizo así y le ama así y no me importa.”
Naturalmente Bergoglio confunde una vez más el culo con las témporas haciendo esta afirmación gratuita, imprudente y populista que va, no solamente contra la Sagrada Escritura sino también contra la ciencia biológica y psicológica.

Vamos por partes:

1.- Dios, querido Bergoglio, no hizo a nadie homosexual. Si bien es claro que puede haber una experiencia de atracción sexual entre miembros del mismo sexo, toda la sexualidad está, por su propia naturaleza, orientada hacia el otro sexo. Así es como Dios lo hizo, y lo hizo con el ´único propósito de la procreación: “Y creo Dios al hombre a su imagen y semejanza, a la imagen de Dios lo creo, varón y hembra los creo. Y les bendijo diciendo: ¡creced, multiplicaos y llenad la tierra y sometedla.”(Gn. 1,27-28) ¿Dónde está pues la creación del híbrido homosexual, Bergoglio?
2.- Es verdad que Dios ama al pecador, ya sea homosexual ya sea heterosexual, ¡menuda noticia nos da Bergoglio! Pero eso no quiere decir que ame al pecado, es decir, en este caso, una vida sexual equivocada y contra natura. Dios odia el pecado, todo pecado. Lo que quiere Dios, esa es su voluntad, es que todos se salven y por lo tanto nunca puede aprobar un pecado, tampoco el de las relaciones homosexuales, porque, como dice el Sirácida: “No digas que Él me ha hecho errar, porque no tiene necesidad de hombres malvados. El Señor aborrece toda abominación de error, y los que le temen no la amarán.” (Si. 15,12-13)

3.- Al decirle a Cruz que Dios ama su atracción sexual hacia los hombres, Bergoglio dice que Dios ama la homosexualidad, otra asombrosa blasfemia: “No te acostarás con hombre como con mujer, porque es una abominación.” (Lv. 18,22)

4.- No existe ningún estudio empírico medianamente serio que pruebe las causas biológicas o genéticas de la homosexualidad. Pero, al contrario, existen miles de estos estudios que demuestran que esta desviación sexual es producto del aprendizaje social y de deficiencias afectivas. Lo que se ha demostrado con creces es que un homosexual no nace sino que se hace, y todo lo que se aprende se puede desaprender con una terapia reparativa adecuada y con gran dosis de amor hacia la persona que quierte cambiar.

En definitiva pienso que la única parte de los comentarios de Bergoglio que se puede creer de todo corazón es cuando dice aquello de “a mí no me importa”. Cuando se trata de cuestiones de fe y moral y para la salvación de las almas, podemos estar seguros que a Bergoglio no le importa un comino. Un nunca ha dicho nada tan cierto.

Y es que, como ya he dicho en muchas ocasiones, Ratzinger será recordado como lo que es, un gran pensador, pero Bergoglio será juzgado como un político capaz, a la manera de su admirado Perón, de mutar y de decirle a cada uno lo que quiere oír, y de utilizar para sus fines incluso a sus antiguos adversarios (los neo populistas) .
Así se entiende lo que dice Sabreli “con el pretexto de acoger a los pecadores arrepentidos, recibe corruptos no recuperables.”