sábado, 1 de enero de 2011

RELATIVISMO MORAL: LA FAMILIA AMENAZADA


RELATIVISMO MORAL: LA FAMILIA AMENAZADA

                En primer lugar deberemos decir que en esta sociedad mediática y sectaria en la que nos movemos y vivimos, cuando alguien levanta la voz por la familia es tildado de conservador o retrogrado, mientras que la etiqueta de progresista significaría aceptar positivamente que conductas impropias sean admitidas como normales, en aras de una pseudo diversidad.
                Dicho esto, debemos decir que nosotros rechazamos ese simplismo y planteamos que es preciso luchar por un orden que sea más justo, sin exclusiones, pero refirmando el papel fundamental de la familia y la heterosexualidad que implica, como pilares éticos de la convivencia, como equilibrado núcleo formativo de la sociedad. Cuando se quiere defender la calidad de vida, se debe apuntar a este núcleo celular de la sociedad, la familia.
Es una realidad comprobable el hecho que se celebren cada vez menos matrimonios, que las relaciones afectivas son precarias, que aumentan las separaciones, que las personas rehúyen el compromiso y que los tribunales de familia están colapsados. Si España es un país que envejece es por efectos del  sistema social y económico que hemos mantenido durante más de 30 años. El estar insertos en una dinámica individualista, que resalta la tenencia de bienes como parámetro de éxito y pertenencia, ha hecho que las parejas jóvenes, sobre todo profesionales, pospongan la maternidad por decisión propia o por condiciones impuestas por el mercasdo y los empleadores.
¿Qué está ocurriendo con la familia española? ¿Qué antivalores la amenazan?
1.       La preponderancia del individuo, del yo por sobre el nosotros ha hecho difícil que las parejas se integren en plena entrega.
2.       El feminismo fundamentalista ha trastocado la relación de pareja en la misma medida que pudo hacerlo el machismo en épocas anteriores, al reivindicar una falsa competencia de géneros, antes que la complementariedad natural de hombre y mujeres. Si el machismo restringía a la mujer a un rol doméstico y dependiente del hombre proveedor, el feminismo rompe con ese esquema, pero coloca a la mujer independizándose de los varones, desmereciendo respecto a ello,  su papel fundamental de m adre y jefa del hogar.
3.       Del mismo el hedonismo, la búsqueda ilimitada del placer, van alienando a las personas y les impide ser para el otro, una de las bases fundamentales del amor.
4.       Por otro lado los fanatismos feministas alcanzan un sesgo de tipo lésbico, que llevan a una visión rupturista de la familia, donde la figura paterna podría ser prescindible, planteándose en forma confrontacional en contra del hombre. El sano camino de la complementariedad natural de la pareja humana, donde ambos aportan sus capacidades a la construcción de una común identidad y un común proyecto de vida, se ha visto distorsionado por un relativismo moral que ha provocado como “natural”, como “opción sexual” el homosexualismo, que, siendo una realidad, debe ser tolerado por una sociedad que incluye a los distintos, pero entendiendo que lo normal es la heterosexualidad y que no se debería legislar a favor de esas situaciones anómalas bajo el argumento de que han sido discriminados al no estar considerados en el derecho de familia.
Tal vez nunca, como ahora,  la familia resistió tantas amenazas de sectores auto determinados minorías sexuales- minoritarios pero influyentes- que apuntan a su desmoronamiento como pilar moral de la sociedad. Los sectores homosexuales y feministas han participado en los partidos políticos auto denominados como progresistas y han logrado que estas corrientes políticas, en una malentendida no discriminación, hayan  incorporado a la institucionalidad jurídica situaciones como el matrimonio gay, que debilitan el principio de heterosexualidad propia del matrimonio como base celular de la familia.
Relativizar el matrimonio es parte de ese deterioro de las relaciones de amor que debieran apuntar a una relación de entrega y aceptación mutua, de un hombre y una mujer, para toda la vida. Por eso, creemos que es hoy especialmente urgente evitar confusión con otros tipos de uniones. Solo el amor entronizado en un proyecto de familia, como compromiso firme entre hombre y mujer, es capaz de fundar la construcción de una sociedad más justa, que sea el resultado de personas seguras, capaces de jugarse por sus ideales, porque en su seno familiar han aprendido a amar.
- La tarea de la Iglesia maestra en humanidad.
Ante este panorama de locura y en el reinado de la sinrazón, además de implorar a Dios ponga su mano, hemos de proclamar abiertamente la verdad originaria del matrimonio, de la familia, y de la vida, resaltando los errores que buscan mellar, por rumbos equivocados, a las conciencias desprevenidas, anticipándonos a las campañas de lavado de cerebros que se presentan en los distintos ámbitos de la vida.
No ha de servir de excusa el razonar que estamos en un mundo secularizado dónde la fe ya no tiene cabida.
Como Iglesia nos cabe la responsabilidad de mostrar a Cristo Camino, Verdad y Vida (Jn. 14,6) a través de la familia, primera educadora de la transmisión de los valores; de la catequesis; de la educación; de las variadas instituciones apostólicas; usando todos los modos lícitos a nuestro alcance y sin descuidar la utilización de los medios de información oral y escrita.
Habrá que aguzar el ingenio aglutinando a todos los hombres de buena voluntad de manera que se pueda ir revirtiendo este panorama desalentador que ya pende sobre nosotros.
Con la esperanza de que Cristo triunfará sobre tantos dislates, hemos de hacer nuestra con valentía la afirmación del profeta: “sea que escuchen, o se nieguen a hacerlo –porque son un pueblo rebelde- sabrán que hay un profeta en medio de ellos”. (Ezequiel 2,5).



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